enmudecí una vez más
y me morí.
e pasaron los días
entre tererés de mango,
un libro de Galeano
y muchasdespedidas.
todos se vuelven a sus pueblos,
todos desaparecen
y uno se termina quedando
en el unico lugar que existe
que es repetitivo y conocido
(no sé como fué que terminamos en pilar
y por un momento, mientras el tren se movía
pensé que la vida a veces era linda
pero solo si uno se animaba a vivirla)
descubrí que no puedo vivir con gente
todos son tan normales y tan estables
que me hacen sentir extraterrestre
¿es que siempre tienen ganas de todo?
vivir crisis me es bastante problematico
pero tener que explicarlas y justificarlas,
me parece una locura
¡dejen de preguntar, que no es con ustedes!
el problema es que soy una montaña rusa, nada más.
(vos sos tan...
idealizado, estás tan idealizado
que hablarte es el desafío y la travesura
más peligrosa que conocí
-como no temblar de miedo,
como no quedarse callado-
el deseo crea limites
que no paran de crecer
y de aplastarme
-la movilidad se reduce a cero-)
viva la juventud
que sueña, que se muere y nace todos los días
la angustia de no encontrar el sentido
y la ansiedad de querer saber un poco más:
eso es lo que esconden los mates,
los libros
y las palabras
nada más que eso.
domingo, 23 de diciembre de 2012
lunes, 17 de diciembre de 2012
Me das vuelta por arriba de la cabeza todo el tiempo. Sos un águila negra, ruidosa, molesta, impaciente. Tu dependencia me enferma. ¿No podés volar lejos al menos por un día? Me interpelás por cada paso que doy, como si estuvieras vigilando mis movimientos, examinándolos desesperada por saber que no me voy, que sigo estando por acá. Pasás de no verme a aturdirme. (Y ya no quiero moverme, porque sé que a cualquier acción le sigue una pregunta, un reproche, un sonido; forzado, ansioso, avasallante)
Es la historia de los dos extremos que nunca encuentran un equilibrio; el vacío, el agujero donde no está el nombre que debería estar, o el encierro total, tu presencia invadiendo todos mi sentidos y ahogandome)
No hay libertad en ninguno de los dos escenarios. Hay solamente locura.
sábado, 1 de diciembre de 2012
necesito que algo de mi vida tenga coherencia
ya no sé si en realidad somos todos unos esquizofrenicos reprimidos
que no pensamos en voz alta
o si el problema es que yo no logro
reconciliar mis voces
no quiero silenciar ninguna
porque sería hacer de cuenta que
no existe algo que va a seguir existiendo
pero mi vida es una contradicción continua
y no entiendo porqué
¿realmente es una contradicción?
¿ o solamente es la forma en que yo lo veo?
porque saltar de un mundo a otro
creyendo que va a desaparecer algo
por dejar de mirarlo un rato
me parece una locura
¿será que es imposible ser una unidad coherente?
¿o será que no puedo renunciar a nada,
y entonces todas los caminos, por opuestos que sean,
me atraen?
ya no sé si en realidad somos todos unos esquizofrenicos reprimidos
que no pensamos en voz alta
o si el problema es que yo no logro
reconciliar mis voces
no quiero silenciar ninguna
porque sería hacer de cuenta que
no existe algo que va a seguir existiendo
pero mi vida es una contradicción continua
y no entiendo porqué
¿realmente es una contradicción?
¿ o solamente es la forma en que yo lo veo?
porque saltar de un mundo a otro
creyendo que va a desaparecer algo
por dejar de mirarlo un rato
me parece una locura
¿será que es imposible ser una unidad coherente?
¿o será que no puedo renunciar a nada,
y entonces todas los caminos, por opuestos que sean,
me atraen?
Es la historia de lo
doble, lo que siempre vuelve a ser dos. Lo que no termina de integrarse nunca. Y
es que hay una parte dentro de mí que necesita llegar hasta el final (el
principio) del mundo. Revolverse en la tierra, fluir en esas aguas subterráneas
cargadas de las heridas más terribles, de los enigmas más inquietantes. Hay
algo en mí que necesita transformarse en arte, en energía, en cualquier cosa
que se disuelva y se vuelva a armar en un segundo, condensando las miserias,
las preguntas y las locuras de toda la humanidad. Es el mundo de las
intensidades que nunca terminan de crecer, que siempre pueden seguir aumentándose
y reproduciéndose. Es un mundo tan profundo que probablemente termine donde ya
no queda nada, en el vacío. Quizás lo que me de tanto miedo de ese lugar, sea saber
que al final no hay nada. Siento que cuanto más me acerco a lo que
desesperadamente anhelo, màs me alejo de lo que realmente existe. ¿que es lo
que deseo tanto? ¿que es exactamente, lo que me atrae con tanta fuerza? Es como
si lo que me intentara capturar no fuera absolutamente nada. Un agujero que
tiene tanto poder, tanta maga, que cautiva incluso aunque no haya nada dentro
de él. ¿Qué hay al final de este camino?
No sé si quiero saberlo. Pero nunca es suficiente, y a veces este mundo es lo único
que necesito, aunque entregarme a él signifique hundirme en donde ya no hay ni
un rayo de luz.
lunes, 26 de noviembre de 2012
Estoy como si me sobrara algo en el cuerpo, en el alma. Un pequeño puñado de de emociones, deshechos no del todo digeridos, el resto de una intensidad no atravesada. Quizás si vomitara música, una angustia o un júbilo... Diez mares tratando de caber en un río, universos enteros que laten en un solo respiro. Y algo estalla, se rompe y despega. Y otros tantos materiales quedan atorados, bloqueando los suspiros y encerrando algún vacío. Decoran el silencio, envuelven la nada y te parten en dos.
Acumulaciones de acumulaciones, queriendo llorar un poco o liberar alguna carcajada que desate los nudos y me disuelva en el aire. Tanta dicha no cabe en un cuerpo, o quizás un dolor no cabe en tanta dicha. Y por eso queda flotando sin anudarse a nada, comprimido como un punto de máxima tensión. No ver lo que está palpitando, mezclándose con sangre y azúcar Pasos (galopes) que quieren atravesar la piel, salir por los ojos convertidos en lágrimas, por la boca, hechos canción o risa. Quiero tocar ese pedazo de cielo anónimo y ponerle un nombre. Que se puedan pronunciar los silencios, y que los miedos sepan ser palabra. Que advenga algún sonido, alguna imagen, de aquello que sigue tiñendo el escenario de un color que no se distingue, que no aprendió a nacer.
Acumulaciones de acumulaciones, queriendo llorar un poco o liberar alguna carcajada que desate los nudos y me disuelva en el aire. Tanta dicha no cabe en un cuerpo, o quizás un dolor no cabe en tanta dicha. Y por eso queda flotando sin anudarse a nada, comprimido como un punto de máxima tensión. No ver lo que está palpitando, mezclándose con sangre y azúcar Pasos (galopes) que quieren atravesar la piel, salir por los ojos convertidos en lágrimas, por la boca, hechos canción o risa. Quiero tocar ese pedazo de cielo anónimo y ponerle un nombre. Que se puedan pronunciar los silencios, y que los miedos sepan ser palabra. Que advenga algún sonido, alguna imagen, de aquello que sigue tiñendo el escenario de un color que no se distingue, que no aprendió a nacer.
sábado, 17 de noviembre de 2012
cuando hay vitalidad
y motores para avanzar
y movimiento y
vuelo
las raíces quedan lejos
las profundidades no se ven
y las aguas subterráneas
se me escapan, se me pierden
¿donde esta el dolor que sostenía el arte?
el mundo cada vez es más
parecido a mi mundo
(vivir es la paradoja más grande que conozco
la contradicción hecha mundo,
la tensión a punto de romper
cristales, el nudo sin fin)
lunes, 5 de noviembre de 2012
A veces me gustaría encerrarme en una burbuja tan reducida que no pudiese entrar ni el aire, ni la respiración de otros, ni la luz. Que las raíces de algún árbol me absorban, y me retengan en esos mundos subterráneos y tan abstraídos de la realidad. A veces quisiera volver a cerrar los ojos y no abrirlos nunca más, no ver, no darme cuenta de toda esa miseria y esa locura. De la catástrofe, la barbarie que rodea a cualquier ser humano y lo habita. Porque está adentro; el egoísmo está adentro. Y no te mata, mientras no lo percibas. A veces quisiera vivir en la casita del árbol de cuando tenías diez años y jugabas a las escondidas; desdibujarme en montes y tierras y vientos de algún norte o algún sur. Diluirme en palabras, y mates, y dibujos. Ser arte, ser naturaleza, ser energía. Y no ver nada, y que se dejen de incendiar las vidas, que se dejen de corromper las ilusiones. Que desaparezcan las sombras, el terror, la sangre, el miedo. El mar es tan tranquilo, pero tan falso. Ojala el mundo fuera así de tranquilo, y uno pudiera vivir así, con esos climas y esos ritmos. Las armonías que nunca llegan, la violencia que jamás desaparece. La locura no termina nunca, y la marea se extiende por todos lados, pintando terrenos cada vez más grandes. Un abismo, un oasis, en medio de tanto calor. Un agujero, en medio de tanta arena. Respirar, encerrarse en un azulejo, y sobrevivir. A veces sobrevivir un poquito y nada más no me vendría nada mal. Pero no sé puede, no sé puede respirar en paz, cuando hay guerras por todos lados.
sábado, 13 de octubre de 2012
Antes vivíamos en la era sensorial. Ahora ya no. Antes el olor a café era mi abuelo revolviendo y revolviendo para que tomemos algo toda la familia; antes el olor a fósforo era una vela que iluminaba mi patio cuando había un corte de luz. Y el olor a pintalabios era mi abuela cuando venía a comer los domingos, o mi mamá arreglándose para salir. Antes un fuego en el cielo era ese globo que intentabas hacer volar en navidad; cuando brindábamos todos, cuando mi otra abuela hacía pizzas que te llenaban el alma. Era cuando nos disfrazábamos para ir al carnaval, y existían las guerras de espuma; cuando bailábamos coreografías en patios bañados de sol, de aires veraniegos. En el mundo viejo había música que sonaba cuando se hacían fiestas en el jardín, y música era eso, solo eso, fiestas en mi jardín, gente dando vueltas, botellas con alcohol. Respíro y la piel se transforma, como mis ojos, como mis oídos, como cada parte de mi cuerpo. Que se entrega al viaje, al ayer, a la historia. Y lo que conservo de esa historia no es nada concreto, es pedazos. Es todo fragmentado, dividido, pero tan intenso que conmociona el mundo, como un rayo que cae sobre la tierra. Es una historia recortada, con destellos de olores y sonidos y paisajes y visiones. Un mito hecho de sensaciones perfumadas, decoradas, idealizadas. Un paseo en bicicleta, del que solo recuerdo la velocidad, la vuelta manzana, tocar los timbres y seguir avanzando. Los apagones, y nosotros comiendo sanguchitos en la oscuridad, con ganas de llorar porque son momentos tan epifánicos que uno se entera de que son irrecuperables. Se da cuenta, y se quiere morir. Uno se pone a llorar. Y la pelopincho en el patio, el turrón de año nuevo (en realidad, año viejo), los fuegos artificiales, y Manuelita, la tortuga que me trajo mi abuelo cuando era chica, la tortuga que caminaba por la ciudad. El tren, vamos a la estación a ver pasar el tren. O escuchar la bocina, porque en realidad mi recuerdo es ese; la bocina del tren y los amaretis, y la historia que contó mi abuela mientras usaba su máquina de cocer. Vamos a dar una vuelta, que viene papa noel. Si, eso me decían y me lo creía tanto y era tan extraordinario. La ilusión, el cuento, la magia. Las calles de tierra y los vecinos con músicas diferentes, las puertas abiertas, las copas apoyadas que quedaban por ahí. Las casitas hechas con sabanas en la parte de atrás de la casa de mi abuela, las comidas hechas con papa y más papa. Los gritos, porque a veces había muchos y y me asustaba, pensaba que nos íbamos a matar entre todos. Y después el silencio, tenso, frío, desgarrador. Y después una risa, y otra y otra. Y empezaba todo de nuevo.
El pasado, que nunca se deja atrás. Dejarlo atrás es borrarlo, tacharlo. Mejor conservarlo, y volverlo devenir. Desde los orígenes hasta todos los devenires. De eso se trata; de desprenderse de los mitos para avanzar hacia las utopías. (o mejor; de transformar los mitos, en utopías)
El pasado, que nunca se deja atrás. Dejarlo atrás es borrarlo, tacharlo. Mejor conservarlo, y volverlo devenir. Desde los orígenes hasta todos los devenires. De eso se trata; de desprenderse de los mitos para avanzar hacia las utopías. (o mejor; de transformar los mitos, en utopías)
viernes, 21 de septiembre de 2012
Lo bello de este día es que no importa si el mundo esta dividido en muchos pedazos, porque todo es sol y viento, todo es mar, todo es bosque. Te veo tan convencido de querer tocar la luna, que empiezo a creer en la leyenda. El mito; el tuyo, el mío, los ángeles perdidos y el sueño inconcluso. Todo se confunde en un tramo infinito, en una controversia gastada. Me siento tan transparente que quiero llorar, me invento una historia, me la creo, me río, revivo y después miro la realidad. Y no hay nada de similar, nada, nada, nada, con que quedarse. Vos te reís, siempre te reís, y creo que hasta invertiría mis días en aprender como sacarte una de esas sonrisas, tan fáciles y tan vitales. Me mataste un montón de veces, cada día, con una excusa distinta y todavía sigo aca, creyendo que estando inmóvil voy a volar muy lejos (que estando inmóvil, voy a empezar a volar)
No quiero más travesías. Quiero otra primavera, pero que esta vez sea inmortal. que no se renueve nada, que no prosigan los ciclos, que la naturaleza se muera y sigamos en el mismo lugar. En ese lugar donde florecen los lirios y se acaban las hojas, se secan los pantanos, se quiebra el cristal. Los acordeones y las trenzas, los desiertos sin nombre, los licores de sol. ¿Donde habias estado? Arriba, siempre arriba, y yo intentando escalar el viento. Como si no estuvieras en todos lados, como si no te hubieses muerto el día en el que te supe ver.
una vez me dijeron que la vida es así, es dura
que no se puede cambiar
que no hay nada para hacer,
que ya no tiene sentido intentar
por suerte no les creí
por suerte me pareció una locura
por suerte me indigné y salí a caminar
y desde ese día, me di cuenta
que la caminata no tiene que terminar nunca
"vamos dibujando el camino"
como diría calle 13
y si, dibujemosló nomás
que si no nos lo van a imponer
y yo no quiero caminar pisando cadáveres
yo no quiero alimentar mounstros
yo no quiero creerles el cuento
yo no quiero alimentar mounstros
yo no quiero creerles el cuento
(yo no quiero matar a la humanidad)
septiembre, el mes de las caminatas por cabildo
de los domingos primaverales en los que circulas siendo otra
o a punto de ser otra, con otros que también serán otros
las crisis de grupo y los intentos
de nuevo, paciencia, arte, paciencia, arte
y arrancamos, al menos por un rato
septiembre, el mes de las fiestas y no fiestas
de las marchas y no marchas
de los amores y los no amores
se derrumba el mundo con una imagen
tan patética pero tan viva y alienante..
septiembre, el mes de los impulsos
y los proyectos y los volantes fallidos
las luchas y los cacerolazos chetos
("hay que matarlos a todos",
y yo tengo ganas de matarlos a ustedes)
y si, todo mezclado,
pero también los cambios
septiembre, el mes de las crisis
y las angustias simbolizadas,
el mes de los jardines llenos de flores
y las risas, y el canto, y la lámpara verde
y la música de fondo
el mes de la historia y el devenir
de los pasos y los contrapasos
septiembre, nunca vivir dió tanto miedo.
de los domingos primaverales en los que circulas siendo otra
o a punto de ser otra, con otros que también serán otros
las crisis de grupo y los intentos
de nuevo, paciencia, arte, paciencia, arte
y arrancamos, al menos por un rato
septiembre, el mes de las fiestas y no fiestas
de las marchas y no marchas
de los amores y los no amores
se derrumba el mundo con una imagen
tan patética pero tan viva y alienante..
septiembre, el mes de los impulsos
y los proyectos y los volantes fallidos
las luchas y los cacerolazos chetos
("hay que matarlos a todos",
y yo tengo ganas de matarlos a ustedes)
y si, todo mezclado,
pero también los cambios
septiembre, el mes de las crisis
y las angustias simbolizadas,
el mes de los jardines llenos de flores
y las risas, y el canto, y la lámpara verde
y la música de fondo
el mes de la historia y el devenir
de los pasos y los contrapasos
septiembre, nunca vivir dió tanto miedo.
viernes, 17 de agosto de 2012
dijiste:
"como si todos no tuviéramos a nuestro fantasma caminándonos al lado"
y me sentí libre, o en una cárcel de a muchos.
como un inconsciente compartido, común,
en el que se suceden guerras, pasiones, pérdidas y angustias
y todos intentan sobrevivir, callar las voces oscuras,
seguir para adelante, liberar el alma
y actuar.
como convertir piedras
en obras de arte
-ese sería el desafío-
lo malo es que no hay forma de escaparse
(lo bueno es que somos muchos caminando)
martes, 7 de agosto de 2012
Pensé en carrusel, y después pensé en un campo. Un
campo vacío y verde, de otoño. De sol.
El sol en otoño es alucinante, porque su color combina con las hojas secas,
caídas, naranjas. Esta fresco pero no lo suficiente como para que uno decida no
salir a caminar. Hay niebla, y todo está entre blanco y verde y naranja y
celeste. No se sabe bien que temperatura hace, pero está cálido y ventoso al
mismo tiempo. Y está el carrusel, en el medio de todo eso, que gira. Nunca
para, por nada del mundo. Suenan canciones viejas, vencidas, mientras las
figuras siguen andando. Un poco oxidados, maltratados por los años, heridos.
Llevan vendas que los curan y los protegen de las bajas temperaturas, del calor
y de la gente. La gente se pasea por los pastizales, juntando florcitas y
regando emociones, pero nunca se atreven a tocar, ni siquiera a mirar, el
carrusel. Cuando algún valiente se anima y lo observa, lo ve moverse sobre su
propio eje, generalmente se pone a tararear una canción. Siempre es la misma
canción, la que dice algo así como “en ese lugar, en ese tiempo, se movían los
molinos… en ese lugar, en ese tiempo, soplaban las mariposas…”
Y entonces para. Las sirenas, los caballitos, los
ángeles, las princesas y los duendes dejan de dar vueltas. Se encienden sus
cuerpos, se apaga la naturaleza, y todo se vuelve confuso. La canción suena
cada vez más fuerte, aturde a los seres humanos, los normales, los que tienen
pies y manos. Las hormigas se vuelven
locas, se revuelcan en la tierra, festejan, lloran, mueren y finalmente se
restituyen. Las luciérnagas se van prendiendo a los hierros del carrusel, lo
decoran, completan las leyendas. Se seca el río, se curan las estrellas.
Cuando el carrusel se detiene, el campo desaparece,
porque todo es, fue y será, carrusel, luz,
sonido y magia. Oscura, maravillosa, pero eso sí, inhumana. Y todas las respiraciones andan en bicicletas
por el aire, se cruzan y se aman, se convierten en lo que no eran, y después
vuelven a ser eso, bicicletas. Que escandaloso todo eso. Parece un escenario
prendido fuego, extinguiéndose o aprendiendo a caminar. Las criaturas van al bosque,
se nutren de vida, juntan fuerzas y después vuelven al carrusel, ya listas para
empezar a moverse, para reproducirse entre sí, para avanzar. Y ahí muere todo, y
la vida vuelve a ser inórganica, común. El campo toma su color de siempre,
anaranjado, la puesta de sol termina de existir, y ya no hay nada más que eso;
un campo con un carrusel viejo. La cajita musical se cierra, se duermen las
almas, se apaga la luz y se escucha a lo lejos "en ese lugar, en ese tiempo, hubo una guerra... en ese lugar, en ese tiempo, el universo dejó de latir"
lunes, 6 de agosto de 2012
Caminaba con un vestido floreado y era tan primaveral que se confundía con la primavera misma. Había azucenas violetas, pétalos rojos entrecruzados, alelíes amarillos saltando para no quedarse abajo (donde están las raíces, donde termina la luz). Caminaba con sandalias de cristal, tan frágiles que se destrozaban a cada paso, dejando pedacitos de sol por todo el jardín. Yo avanzaba mientras los juntaba con las manos, caminaba de forma extraña, transformándome a medida que rozaba los aires. Me quemaba y me disolvía. Después daba un paso más y me congelaba, se me destruían las almas, se me alborotaban los sueños. Las princesas caminan tan despacio que a veces, ya no caminan. Vuelan, con la mente y las ideas y roban rosas, sauces, estrellas.
La luna seguía ahí inmóvil, con sus rayos dorados, era de noche y de día, no era nada, no había cielo ni planetas girando ni tierras ni mares. Era el desierto, el vacío, el horror. Avanzaba en la oscuridad, decorándola con presencias fugaces, coloreando los ríos pálidos, disfrazando las maravillas que todavía no habían nacido. Me daba miedo dar un paso más, pero lo daba y ya se me caían las flores contenidas en las ropas, se me caían las lágrimas de cianuro, se me derretía la piel. Me mire a ese espejo (tus ojos) toda paralizada, temblando, sin querer ver ningún reflejo. Pero ahí estabas y ya sabía. Ya sabía que eras vos, y no yo, lo que se veía. Se veían tus labios maltratados, las heridas a mitad de camino, el ideal, las raíces del mundo, tus destellos, vos. Con luces y sombras, con muertes y pulsaciones entremezclándose, pausas y ritmos descontinuados, implosiones, estalles, y cristales por todos lados, condensado historias de guerras y veranos sin luz.
Pero lo tenebroso era el estado, el ininterrumpido estado de no estar y estar, las dos cosas, sin que eso sea una contradicción. Me quería tanto que daban ganas de matarse, de tirarse en paracaídas y viajar en el túnel de las pesadillas. Y todavía quedaban flores, todavía estábamos en primavera, cuando decidí volver a nacer. Y fué tan espontaneo, que termine volando sin alas, como en los cuentos que me contaba mi abuela, cuando todavía creía en la libertad.
domingo, 5 de agosto de 2012
vientos rebeldes,
primaveras despertándose,
un grito en el cielo,
un aguila sobrevolando las nubes
y la misma melodía
que todos hacemos existir
un sueño, una ilusión
la convicción, la esperanza
de cambiar algo
en este mundo que es pura
catástrofe, pura barbarie
y si al final del camino
se suman caídas
voy a saber, que al menos
hubo batallas y rebeliones
y que no hay
rutina más placentera
que la que está plagada de luchas
(y de canciones)
sábado, 4 de agosto de 2012
si me duele la garganta,
y también me arden los oídos
si se me secan los ojos,
y siento tensión por todos lados
¿quiere decir que las cosas no están bien?
o tan bien como debería
hay días bellos,
días oscuros
días transformadores
y días huecos
pero los peores son
esos días en que no hay nada
más que cadenas,
y cafés que se repiten
y canciones que nunca terminan
y reflexiones completamente al pedo
que solo llevan a comprender
lo terrible que es estar vivo.
(no entiendo bien que quiero, pero
hay un deseo que es inalterable;
estar bien, bien)
(y otro día más que pasa con energías
tiradas al tacho, devueltas al mar)
y también me arden los oídos
si se me secan los ojos,
y siento tensión por todos lados
¿quiere decir que las cosas no están bien?
o tan bien como debería
hay días bellos,
días oscuros
días transformadores
y días huecos
pero los peores son
esos días en que no hay nada
más que cadenas,
y cafés que se repiten
y canciones que nunca terminan
y reflexiones completamente al pedo
que solo llevan a comprender
lo terrible que es estar vivo.
(no entiendo bien que quiero, pero
hay un deseo que es inalterable;
estar bien, bien)
(y otro día más que pasa con energías
tiradas al tacho, devueltas al mar)
martes, 24 de julio de 2012
(...) Quizas era la sensación de inmensidad. Es una inmensidad tan plena, tan
vasta, tan sin fin que dan ganas de salir corriendo, de tragarse las plantas,
colonizar los soles y los vientos, revolcarse en el aire cálido y desarmarse en
ese paisaje. Esa es la sensación que siempre me provocó la vida; ganas, deseo,
necesidad de habitarla en todas sus aristas. Lo paradójico es que esa sensación
de vitalidad y entusiasmo es solo una cara de mi historia. La otra cara es la
no-libertad, la inmovilidad, las sombras, el encierro, la locura. La
no-existencia. Soy invisible. Tanta inmensidad me vuelve invisible, inhumana.
Desaparezco, me borro hasta
desintegrarme. Quiero invadir el mundo y solo logro que el mundo me aplaste, me
segregue, me ignore. El mundo me ignora, y ese es el dolor más grande que
alguna vez sentí. Si hiciera una recopilación de relatos de los que formé
parte, en todos se repite la misma estructura; un proceso de invisibilizacion.
Como si fuera desdibujándome a medida que pasa el tiempo, mezclándome con los
objetos, los muebles, los aromas pasajeros, el aire frío y el café que dura un
sorbo. Soy ese intento constante por querer irrumpir en los munditos
maravillosos de todos los que no son yo. Vivo afuera de mi, como desdoblada,
como partida al medio; la profunda, bella, intensa y descontrolada, la salvaje,
la poeta, la alquímica, la magnética. Y del otro lado del río, la transparente,
desconocida, inaccesible y apagada, la cobarde, la silenciosa, la neutral, la
impenetrable. ¿Cómo dejar de ser dos? Hay abismos tan grandes que termino
saltando de un lado a otro. Pero lo terrible es que solo puedo ser la profunda
a solas, con mis libros y mis cuentos, con mis canciones y mis ideas filosóficas
incomunicables. Cuando se traspasan
ciertos espejos, se borran (se bloquean) muchas posibilidades.
Asique mi único problema es ese: existir.
viernes, 13 de julio de 2012
Hay una carcel más violenta que las que están hechas de barrotes de hierro. Más impenetrable, más autoritaria, más fría. Es el silencio. Soberbio, fuerte, invencible.
Y cuando estás sometido a existencias ajenas,
cuando tu energía se activa en otro,
cuando solo aprendiste a construir relaciones impregnadas de tensión,
de poder, de ira, de reproches, de injusticias y fracasos
cuando llorar no es una opción, y los gritos nacen antes que el dolor
cuando no hay ese tiempo para... ¿para que?
para querer, para querer un poco esta vida.
que es terrible, pero también es hermosa.
te necesito
si, tenés tanto poder
y todos tienen tanto poder sobre mi
y yo quiero tener tanto poder sobre los demás
que es todo una mierda
donde no hay ilusión,
donde no hay nada, más que furia
volcanes de violencia, reacciones
te necesito, te necesito, te necesito.
Y cuando estás sometido a existencias ajenas,
cuando tu energía se activa en otro,
cuando solo aprendiste a construir relaciones impregnadas de tensión,
de poder, de ira, de reproches, de injusticias y fracasos
cuando llorar no es una opción, y los gritos nacen antes que el dolor
cuando no hay ese tiempo para... ¿para que?
para querer, para querer un poco esta vida.
que es terrible, pero también es hermosa.
te necesito
si, tenés tanto poder
y todos tienen tanto poder sobre mi
y yo quiero tener tanto poder sobre los demás
que es todo una mierda
donde no hay ilusión,
donde no hay nada, más que furia
volcanes de violencia, reacciones
te necesito, te necesito, te necesito.
lunes, 9 de julio de 2012
Los campos estaban cada vez más gastados; maltratados
por el tiempo, violentados por el sol. Algunas noches, las almas de las huertas
volvían al escenario y encarnaban papeles extraños, antiguos, duales. Eran el
bien y el mal, que se perseguían entre sí para devorarse, para nutrirse de lo
opuesto, de lo ausente. Jugaban juegos oscuros, buscando un contacto vital, un
pulso en común. Se tragaban los miedos y crecían en direcciones contrarias, se
acercaban, se alejaban, se veían. Si, siempre se veían, con ojos deseantes, con
manos acartonadas. La luna seguía observándolos desde abajo, desde las raíces,
se mezclaba con las aguas subterráneas, se deshacía y volvía a renacer en algunos
segundos. Recomenzaban las guerras, desaparecían las primaveras. Los inviernos
llevaban el sello de la eternidad, y los gritos se hundían, se fundían entre
sí, como narrando un cuento de terror. Cantaba el sol apagándose de a poco,
quedándose sin color, sin fuerza, sin poder. Se deshacía sin respirar, sin
moverse, se desvanecía. Y también se desdibujaban los acontecimientos, no se
entendían, eran ambiguos, violentos, veloces y frenéticos. Buscaba estabilidad,
el jacarandá buscaba estabilidad. Pero solo veía colores tiñéndose entre sí,
explosiones de luz, sombras, más sombras, relámpagos y algún huracán que se
tragaba las flores. Era una existencia ambivalente, una pausa sin final.
Y en un momento terminó todo. Y solo quedaba el
silencio, que congela los días, que te arranca las horas, te elimina, te anula,
te desaparece y te mata. De forma instantánea, impredecible, te suprime. Y ya
no hay mapas tampoco, solo hay líneas, y puntos y mares con soles y tierras sin
nombre. Rutas abandonadas, caminos a medio andar, puentes que se caen y se
disuelven en lagos negros o plateados, en mares rojos, en estrellas fugaces que
se prenden en medio de la inmensidad. Es el final, de los tiempos, del tiempo
como unidad, de la vida, de las historias. Es el final de la humanidad y del
hombre. Se mueren todos. Se van. No, no se van, no se mueren, se desintegran. Y
no queda nada, solo energía. Tanta energía que explota el espacio, sin parar.
Vuelve a explotar. Se contamina, se regenera, muere, nace de nuevo y vuelve a
estallar. Son implosiones continuas, ritmos ininterrumpidos con girasoles decorando
el final. Un bigbang invertido, una dilatación colonial.
domingo, 8 de julio de 2012
¿De que material tendría que estar hecha para estar siempre presente?
¿Para no desaparecer, desaparecerme, que me desaparezcan?
Soy tan volátil, me esfumo.
Me desdibujo como si estuviera hecha con crayones, o con tizas.
De esas que pasando la mano empiezan a borrarse.
Y ya no estoy, y me perdí. En la distancia, veo los paisajes de los que formaba parte; soy la espectadora de mis propios escenarios, la lectora de mis propios cuentos.
No entiendo de teorías, de maneras, de métodos y técnicas... Pero entiendo de sensaciones y fracasos; de derrotas continuas y primaveras artificiales. Una vez entendí que no se puede estar siempre brillando, y sin embargo veo luces que nunca se apagan. Me pregunto cuanto de esa imagen es real, cuanto se conserva por dentro, traspasando las capas lustradas. Me acuerdo de una imagen fuerte, de las que condensan relatos y emociones perturbadoras. Una montaña, enorme. La naturaleza encendida, viva, respirando. La inmensidad, la infinitud, el cielo, el verde, la vida. Y el silencio. Es un silencio tan pero tan escandaloso, con tantas voces contenidas y tantos discursos superpuestos que me marea. Me asusta, y hasta diría que me acosa un poco, como ahogándome. Me asfixia. Pero detrás de ese silencio hay una sola cosa; la soledad. Esa soledad que aparece cuando el mundo gira con vos sentada en otro planeta. Un silencio tan inesperado y tan violento, que aparece incluso entre la multitud, entre parlantes y música, en las fiestas más alborotadas, en las caminatas multitudinarias y entre el descontrol y el desastre. Aparece sin avisos, y lo anula todo. No queda nada. Solo el silencio. Y no es precisamente paz, calma. No es un descanso, no es una pausa. Es el mundo entero sobre uno, es el ojo del huracán, el volcán desbordante. La soledad que borra, que me borra. ¿donde estoy? y ya no sé si estar es la palabra indicada, si preguntar en donde o si empezar preguntándome ¿estoy?. Siempre se trata de eso, de intervenir, de seguir existiendo, de no desaparecer. Necesito fusionarme para ser, como si siempre fuera la otra parte de algo. O como si siempre hubiese existido la otra parte de mi.
Mirame, ¿me ves? necesito que me veas. ¿Me ves? Quiero prender algunas bengalas, gritar unas cuantas cosas y salir corriendo. Partir tu respiración, incendiar la escena y volar. O quedarme, hasta estar segura de estar viva. De seguir estando. De existir.
sábado, 9 de junio de 2012
no puedo deshacerme de mi. y si, no soy nada específicamente, soy todo a medias con profundidad.
medio hippie, invitame a una guitarreada y cantemos hasta el final, mientras tomamos unos mates vestidos con esos poulóveres del norte que me recuerdan que ese SI era mi lugar en el mundo
me prendo a un fogón mientras tomamos algo y terminamos un poco mareados, riendonos de cualquier cosa, y sin ganas de seguir careteandola.
soy la bohemia medio exagerada que puede estar veinticuatro horas seguidas escribendo un poema o leyendo cuentos. reflexionando sobre una sola canción que en realidad no dice ada de lo que uno quiere interpretar. me sentaría en un bar con muchas bufandas, un cafe y un libro de algun filosofo, para ponerme a discutir sobre que carajo es la libertad.
iría por la vida recorriendo centros culturales sin quedarme en ninguno, hablando con cualquier persona que tenga la palabra arte tatuada en el inconsciente. mirando como pinta el de allá, escuchando el relato del otro, y perdiéndome en canciones que pueden ir desde un tango hasta un merengue que te alegró el día.
me cabería ser vegetariana, porque pobres animalitos, siento mucha culpa cuando me clavo una hamburguesa mientras miro a mi perra. no sé, no es lindo. yo recorrería todo latinoamerica apropiándome de diez culturas a la vez, conociendo las historias y los mitos.
le preguntaría a cualquier persona que se me cruce de que signo es, y cual es su ascendente porque aunque no entiendo mucho del tema la astrología es simplemente genial. y aunque soy atea y no creo en muchas cosas sobrenaturales, hay algo en esos mundos que me atrae demasiado.
me quedaría horas y horas gritando en una plaza, con gente que grita lo mismo, hasta que la revolución empiece a estar más cerca. hasta que el mundo empiece a cambiar.
y otra cosa que haría es subirme a un escenario y no bajar nunca más. ser muchos personajes, o elegir uno y quedarme con él para siempre. mientras intentamos construir todo ese subtexto, todo eso que nunca dijeron, todo eso que le da sentido a ese guión que tenemos que presentar.
al mismo tiempo, creo que podría escucharte y escucharte, si a vos, siempre a vos, a la misma persona, hasta entender y hacerte entender porque las cosas son de esa manera y porque sos eso que hoy conoces. me perdería investigando el inconsciente y los sueños y los juegos y todo eso que nos excede como seres humanos racionales.
y sobre todo, jugaría con él, con ella, con esos que por esas cosas de la vida (por este sistema de mierda) nacieron creyendo que en la vida no existe tal cosa llamada placer.
no entiendo muy bien como hacer para satisfacer todas mis pasiones. cambiar el mundo, mientras intento vivir en él. no se, no entiendo nada. es todo muy complicado.
domingo, 3 de junio de 2012
Es tan transparente, que me vuelve esquizofrénica. Si, es la psicosis, la alucinación. De ver hilos por todos lados, y girar la cabeza para no verlos más. Me enriedo entre cadenas impalpables, me atragando con filos ilusorios. Vos, que sos todo eso, me amenazas a cada rato. Escapar sería desafiarte demasiado, mejor me quedo de pie, mirando como las redes hacen mitosis, como el mundo no para de correr. Me enfurece el encierro, y cuando intento perforar alguna que otra superficie, los cuchillos de hielo se vuelven contra mí. Entonces decrezco unos centímetros, y las telas se amoldan al espacio; llenan los vacíos. Y asi funcionamos vos y yo; tu capacidad para deteriorar mis pasiones, mi vulnerabilidad y mi indefensión ante tus iniciativas. Me encanta porque cada movimiento mío implica uno tuyo, y cada reacción tuya implica un nuevo intento mío. Somos como una pulseada que late, siempre reaccionando al otro. Pero todos esos juegos llevan al mismo resultado, y a veces, cuando estoy un poquito más viva, eso me empieza a parecer injusto.
Y esos días, (no sé porque, pero hagamos de cuenta que es por algo) mi potencia es tanta que tus hilos no pueden ni empezar a existir. Y no estás. Y no me acuerdo mucho de vos; de hecho, soy yo la que va colonizando el mundo. Me trago algunos árboles, invado los prados más turbios, y me apropio de planetas como Urano. Se invierten las ecuaciones, y lo no-yo tiene que reaccionar a lo yo. Yo soy la que avanza, lo demás es lo que se acomoda. Hay días en que la linea de acción me pertenece un poco, y entonces me muevo demasiado, y vos no estás más. Los fantasmas tienen ese beneficio: pueden volver a su punto de partida, pueden desexistir.
si actuar es como vivir
y nos encontramos con los mismos limites
y si la libertad o existe siempre o no existe en ningún lugar
y si las vitalidades se despiertan todas juntas
entonces, es un solo camino
(el de destruir munditos de mentira,
el de salir del hueco voraz)
y nos encontramos con los mismos limites
y si la libertad o existe siempre o no existe en ningún lugar
y si las vitalidades se despiertan todas juntas
entonces, es un solo camino
(el de destruir munditos de mentira,
el de salir del hueco voraz)
domingo, 27 de mayo de 2012
el problema es que el mundo no deja de girar para escucharte llorar
y el otro problema es que la escritura no transforma la realidad
de hecho, ni siquiera la toca.
sábado, 26 de mayo de 2012
ojala no me desintegrara así, ojala existieran puntos de apoyo.
ojala los silencios se derritieran un poco, ojala supiera como atravesar paredes
caer indefinidamente, deambular por pantanos de sol.
que alivio sería dejar de ser por un rato.
si no hay adentro, nunca va a haber afuera.
(y hoy no hay ninguno)
ojala los silencios se derritieran un poco, ojala supiera como atravesar paredes
caer indefinidamente, deambular por pantanos de sol.
que alivio sería dejar de ser por un rato.
si no hay adentro, nunca va a haber afuera.
(y hoy no hay ninguno)
domingo, 20 de mayo de 2012
té con canela, confusiones artificiales
acordes entre rockeros y melódicos
un libro, que leo tres veces por día
y tu voz.
que solo sirve para recordarme
que sigo quieta en el mismo lugar
ir del miedo a la acción
que movimiento vertiginoso
salir de ese lugar,
romper ese silencio
(no sé si sabías pero pasándote el mate te pasé toda mi historia
y te expulsé mis penas, y te pedí un favor, y me rendí)
cuantas cosas pasan cuando no pasa nada
la rutina es una secuencia de derrotas y reflexiones
los papeles andan sueltos pero todos revueltos
y te miro sin mirar
y cambio de pincel
los cafés ya no alivian
los sahumerios no relajan
¿cuando voy a poder interrumpir tu ritmo?
invadir universos ajenos
y existir en algún lugar
...
(cadenas invisibles envueltas en aluminio,
arte acumulado en el fondo del placard)
domingo, 6 de mayo de 2012
Yo me bajo de este tren. Yo no sigo, yo cristalizo un poco el tiempo del reloj de los planetas y aprovecho para dejar de estar. Yo me desvío, me pierdo en un andén que no se mueve. Y no me muevo, no me muevo más en esa dirección. Vos seguís, viajas tan lejos, que me siento un poco muda, un poco quieta, un poco congelada en los cambios. Si subo y me bajo todo el tiempo, no llego a ningún lugar, ya no entiendo de velocidad, de sensaciones intensas, de ir lejos, de avanzar. Las vidas entrelazadas siguen caminando, o siendo caminadas por las ruedas de un ferrocarril que nunca se detiene. Y pierdo tanto tiempo decidiendo, que vivo de andenes y bancos de plaza vacíos. De caminatas en vías abandonadas, de escaleras que suben y bajan pero no aprendieron a hacer otra cosa. Yo no irrumpo en tu vagón, yo no me quedo en ese asiento. Yo camino y vuelo, para después volver a caminar. Yo me bajo de este trén, su recorrido no me pertenece. También me bajo del otro tren, y del que sigue. Me voy de todos lados, estoy en todos lados. Te presto una reflexión, te robo alguna risa medio encubridora, te contagio con esas lágrimas de historias contenidas, y después me voy. Vos me encontrás cuando ya no estoy mirándote, y te vuelvo a ver cuando ya no estás. Te pido perdón, no escucho tu respuesta. Me contás un secreto y lo guardo hasta el punto de no nombrártelo ni a vos. Yo me mimetizo con los vagones azules, y también con los rojos. Me sensibiliza el paisaje de gaviotas instintivas, me apasiona la quietud de la noche nevada, y me pierdo entre las luces de esa droga multicolor. Yo estoy al mismo tiempo en todos lados, y a veces, no estoy en ninguno. Yo quiero subirme a todos los trenes. Yo quiero subirme a algún tren.
viernes, 13 de abril de 2012
La historia se repitió tantas veces, que en realidad, hay que empezar a pensar que nunca terminó de empezar. Y es que es siempre lo mismo: hola que tal... viste que desastre todo? // sisi, no se puede creer che... y entonces uno supone que la gente entiende que las cosas tienen que cambiar, y al principio te ilusionas con que cada persona que se indigna cuando mira el mundo, va a hacer algo para cambiarlo. Después te volves más realista, te frustras un poco, aceptas la dura realidad, y te das cuenta que cuando te dicen que todo es un desastre, solamente te están diciendo que alguien tendría que hacer algo, alguien.. (otro), y entonces supones que cuando vos hagas algo, el otro te va a apoyar. Después te volvés todavía más realista, y empezás a ver otras cosas... como la hipocrecía. "que desastre todo che, es una cosa de locos" pero en realidad la mayoría de los que dicen eso no solamente no hacen nada, si no que reproducen ese mundo que tanto critican, y hasta te critican a vos por querer cambiarlo. En el discurso somos todos unos conscientes comprometidos con el futuro y luchadores y superhéroes y blabla, pero con la acción... Me parece que muchos se quedaron en el camino. Y entonces tenés que pelearte con tus enemigos, esos que son indiscutibles, los que van a vivir para impedir el cambio, pero también con los hipócritas que te hacen creer que les preocupa el rumbo del mundo pero en realidad no son capaces de moverse ni un centimetro si eso implica renunciar a algo, o que las cosas se compliquen un poco. Y hasta te terminas peleando con los del "es lo menos peor" que te hacen creer que el mundo va a ser siempre igual y que uno tiene que conformarse con lo que parece no ser tan terrible.
Quizas no entienden, no quieren entender, que cuando uno ve que el mundo es un desastre, no puede quedarse quieto. Ah, ¿vos podés? mirá vos... (que diferentes somos).
Quizas no entienden, no quieren entender, que cuando uno ve que el mundo es un desastre, no puede quedarse quieto. Ah, ¿vos podés? mirá vos... (que diferentes somos).
domingo, 8 de abril de 2012
Hay un momento en el que se termina lo real y ya no estoy acá, no estoy en mí, ni en un lugar, no existo materialmente. Me hundo en un delirio tan hermoso como voraz, tan persuasivo como coercitivo y tan inevitable como fascinante. Me desaparecí a mi misma sin saber como lo hice, fué como desintegrar mi integridad, disolverme. Me descompuse en energía, me convertí en fuerza y movimiento. Una metamorfosis hacia la nada, hacia la convergencia con lo demás que no es yo misma. Me consumí en el intento por no estar, y ya no sé si existo o existía. Es como estar en muchos lugares al mismo tiempo, persisto en el aire intentando no morir desarmada. Y me mezclé con vos, que eras otra corriente e en el mismo aire y seguramente habías sido humano alguna vez. Me deshumanicé y me distribuí en la superficie, volví a ser lo que creí que era cuando sentí el primer contacto con el mundo. A veces somos lo mismo, no hay limite, y vos tampoco entendés de esos limites y por eso te fusionas conmigo. Te tragaste mi nombre, y yo me apropie de tu envoltura. No tenemos dirección, ni esquema. Estamos inundados, desbordados, invadidos y desmayados en el después del antes y el allá del acá. El silencio es un sinónimo de mi, el ruido también. No entiendo de clasificaciones, soy lo infinito; lo amorfo; lo fugaz-
lunes, 2 de abril de 2012
El equilibrio no me permite escribir. Si sobra vomito palabras que envuelven energías, deshecho emociones no codificadas, te escupo alguna que otra reflexión. Pero hoy no. Hoy está la banderita celeste clavada en la arena y no hay olas ni viento ni marea alta ni peligros. Entonces no se puede escribir, excepto que escriba sobre este hecho tan frustrante que es no poder escribir. Y es frustrante porque te lleva a pensar que si algún día sos lo suficientemente feliz (hagamos de cuenta que eso existe y puede durar más de un segundo) no vas a poder escribir nada y te volverías totalmente no-creativo. Lo cual me lleva a pensar que el arte se sostiene de los desbordes humanos, de lo que le sobra a un cuerpo, de lo que no puede comprenderse psiquicamente. Y entonces eso quiere decir que las obras de arte están fabricadas con desechos humanos. Y que esos desechos solo son bellos cuando están fuera de uno, porque cuando están adentro vendrían a ser algo así como tóxicos, destructivos, perturbadores. Entonces el ser humano funciona así; arrojando afuera lo que sobra (a veces haciendo arte y otras veces de maneras muy distintas y algunas bastante peligrosas) y convirtiéndolo en otra cosa que si tenga sentido y pueda formar parte de la realidad.
Y todo esto me lleva a pensar que viviría en un estado catastrófico de desequilibrio, locura, angustia y éxtasis solo para mantener vivo al arte (que ademas es tán maravilloso y dinámico que cuando te lo apropias, te devuelve todos esos desechos que querías mantener afuera)
Y todo esto me lleva a pensar que viviría en un estado catastrófico de desequilibrio, locura, angustia y éxtasis solo para mantener vivo al arte (que ademas es tán maravilloso y dinámico que cuando te lo apropias, te devuelve todos esos desechos que querías mantener afuera)
viernes, 30 de marzo de 2012
necesito un eje para medir cuando las cosas están bien y cuando no
no se puede si todo es tan importante
o si todo no importa nada
¿donde está el punto de apoyo?
me perdí de nuevo, entre una canción alegre que por algún motivo me da ganas de llorar
y una reflexión que no conduce a ningún lado
y tres teorías que pretenden convencerme de que valen la pena
y una lucha constante contra el mundo
y un par de gritos por teléfono
y un té con azúcar
y una obra de hace doscientos años
y la gente, que no puede ser tan distinta a mi
(y el intento por reírte de algo que te parece la pelotudés mas grande del mundo)
creo que nací en el lugar equivocado.
(y encima cuando encontrás el lugar en el que deberías haber nacido la mitad de la población te hace sentir el peor desastre del universo)
crisis, chau hola chau hola si no sé.
no se puede si todo es tan importante
o si todo no importa nada
¿donde está el punto de apoyo?
me perdí de nuevo, entre una canción alegre que por algún motivo me da ganas de llorar
y una reflexión que no conduce a ningún lado
y tres teorías que pretenden convencerme de que valen la pena
y una lucha constante contra el mundo
y un par de gritos por teléfono
y un té con azúcar
y una obra de hace doscientos años
y la gente, que no puede ser tan distinta a mi
(y el intento por reírte de algo que te parece la pelotudés mas grande del mundo)
creo que nací en el lugar equivocado.
(y encima cuando encontrás el lugar en el que deberías haber nacido la mitad de la población te hace sentir el peor desastre del universo)
crisis, chau hola chau hola si no sé.
jueves, 22 de marzo de 2012
Me confundís porque tenés las tres estructuras psíquicas, todas a la vez, me marean. Sos un neurótico psicótico perverso y me perdí. Quizás no te lo dijeron, pero la gente no puede ser tantas cosas simultaneas y seguir siendo un ser humano. Algo se descompuso, te desgarraste y te volviste monstruo. Tu oscuridad me alegra, porque es entre siniestra y pasional, entre calma y alborotada. Me encanta viajar por los lagos de los días viejos, los pantanos de las próximas horas, los recuerdos medios borroneados y dejados de lado. Todo está intacto por momentos, se congela, me congela, nos congelamos y nos fusionamos y nos consumimos y nos quedamos quietos hasta volver a separarnos. Que nunca sucede, y cuando finalmente pasa ya te quedaste con la mitad de mi cuerpo y yo te robé una emoción.
Esta fresco, hay nieve azul en la vereda, y está el sol que nunca se termina de ir. Me escondí en el callejón de siempre, el de la esquina que está al sur del mundo. Y no pude salir nunca más. Ahí había sombra, basura, restos de vidas de otros y tierra. Volvía la mañana, se iba. Era un tictac de soles y lunas, un dualismo de esos que son tan perfectos que terminan retroalimentándose. O uno, o otro, los dos, ninguno. Cuando me desperté aparecías, y después ya no. Me dabas el beso del buen día y recuperabas la identidad. Solo nos encontrábamos cuando no eramos nada, cuando se me mezclaban los signos con las imágenes con los significados con las sensaciones. Era en ese túnel, el de los cafés gratis, en donde te veía. Y ahí me disolvía, para vos, para no volver.
Esta fresco, hay nieve azul en la vereda, y está el sol que nunca se termina de ir. Me escondí en el callejón de siempre, el de la esquina que está al sur del mundo. Y no pude salir nunca más. Ahí había sombra, basura, restos de vidas de otros y tierra. Volvía la mañana, se iba. Era un tictac de soles y lunas, un dualismo de esos que son tan perfectos que terminan retroalimentándose. O uno, o otro, los dos, ninguno. Cuando me desperté aparecías, y después ya no. Me dabas el beso del buen día y recuperabas la identidad. Solo nos encontrábamos cuando no eramos nada, cuando se me mezclaban los signos con las imágenes con los significados con las sensaciones. Era en ese túnel, el de los cafés gratis, en donde te veía. Y ahí me disolvía, para vos, para no volver.
domingo, 18 de marzo de 2012
(todo es tán triste a veces, que terminás dibujando con crayones de colores)
miércoles, 14 de marzo de 2012
y mientras se me caía una lagrima
porque esa historia era terrible,
y todos tenían vidas terribles,
me di cuenta de que al mismo tiempo era hermoso
porque el arte logra que lo más trágico
sea bello
y lo triste te haga feliz
(y lo que en realidad te tendría que matar te revive)
y mientras me perdía en los coros y las voces
me di cuenta que el arte
logra hacerte viajar
y ya no importa nada
si la vida es una mierda
o si estas muy sola
o si tenes miedo
el arte es un recreo de esa realidad
(y yo quiero vivir del/para/por/sin/sobre/tras
el arte.)
porque esa historia era terrible,
y todos tenían vidas terribles,
me di cuenta de que al mismo tiempo era hermoso
porque el arte logra que lo más trágico
sea bello
y lo triste te haga feliz
(y lo que en realidad te tendría que matar te revive)
y mientras me perdía en los coros y las voces
me di cuenta que el arte
logra hacerte viajar
y ya no importa nada
si la vida es una mierda
o si estas muy sola
o si tenes miedo
el arte es un recreo de esa realidad
(y yo quiero vivir del/para/por/sin/sobre/tras
el arte.)
lunes, 12 de marzo de 2012
llovía tanto que ya uno nadaba en el aire. después salía el sol, después volvía a llover, y así estaba, todo muy ciclotímico, inestable, histérico.
el ruidito me hacía mal, era como que te estuvieran agujereando la cabeza con un taladro para extraerte las ideas, los sueños, las cosas.
pero decoraba el lugar y sabías que estabas ahí, con música de gente que nadie conocía y remeras raras y piercings fluors y las vans de todos los colores.
pasillos vacíos, tristes, como a punto de desmayarse, casi perdiendo el conocimiento.
era melancólico, nostálgico, pero a la vez era tan hermoso, tan intenso, tan circular.
no sé como pero de repente ya estaba todo guardado en mi piel, lo habían archivado con una tinta negra y lo sentía latir.
caminás por santa fé y las florerías, los diarios, la ropa, la gente; todo hace que sea santa fé.
la cancioncita esa que no podía sacarme del cuerpo, era como que sonaba las veinticuatro horas del día internamente y cusndo el sonido era externo todas mis emociones revivían.
agarraba la remera de color ocre (o terracota o ladrillo) y sonaba levels, en santa fé ¿entendés?
las risas cruzadas, era la canción de la super fiesta de colores, que plato.
y si, de repente todo tenía más sentido que el sentido que ya tenia, era como un sobresentido.
en mis pensamientos para siempre, eso; nosotras, las risas, la música, el arte, tus gritos, mis quejas. los abrazos, la ropa esa excéntrica que vos siempre enganchas, las oferta de treinta pesos que yo no puedo evitar, los viajes, los chismes, las puteadas. tus zapatos a lo animal print, mis horarios rebuscados, la juventud, las fotos, la playa. los bolsos prestados, la moda, el cine, tu long, mis rollers, los grammy, el departamento en flores/almagro, las meriendas almuerzos desayunos cenas. los sueños, las historias, los planes, esa ingenuidad enfrascada, la alegría, los recitales, la lluvia y el sol. todo, todo, va a estar así, en mis pensamientos para siempre.
(ay que sería de mi vida sin una hermana así)
el ruidito me hacía mal, era como que te estuvieran agujereando la cabeza con un taladro para extraerte las ideas, los sueños, las cosas.
pero decoraba el lugar y sabías que estabas ahí, con música de gente que nadie conocía y remeras raras y piercings fluors y las vans de todos los colores.
pasillos vacíos, tristes, como a punto de desmayarse, casi perdiendo el conocimiento.
era melancólico, nostálgico, pero a la vez era tan hermoso, tan intenso, tan circular.
no sé como pero de repente ya estaba todo guardado en mi piel, lo habían archivado con una tinta negra y lo sentía latir.
caminás por santa fé y las florerías, los diarios, la ropa, la gente; todo hace que sea santa fé.
la cancioncita esa que no podía sacarme del cuerpo, era como que sonaba las veinticuatro horas del día internamente y cusndo el sonido era externo todas mis emociones revivían.
agarraba la remera de color ocre (o terracota o ladrillo) y sonaba levels, en santa fé ¿entendés?
las risas cruzadas, era la canción de la super fiesta de colores, que plato.
y si, de repente todo tenía más sentido que el sentido que ya tenia, era como un sobresentido.
en mis pensamientos para siempre, eso; nosotras, las risas, la música, el arte, tus gritos, mis quejas. los abrazos, la ropa esa excéntrica que vos siempre enganchas, las oferta de treinta pesos que yo no puedo evitar, los viajes, los chismes, las puteadas. tus zapatos a lo animal print, mis horarios rebuscados, la juventud, las fotos, la playa. los bolsos prestados, la moda, el cine, tu long, mis rollers, los grammy, el departamento en flores/almagro, las meriendas almuerzos desayunos cenas. los sueños, las historias, los planes, esa ingenuidad enfrascada, la alegría, los recitales, la lluvia y el sol. todo, todo, va a estar así, en mis pensamientos para siempre.
(ay que sería de mi vida sin una hermana así)
martes, 6 de marzo de 2012
Como giran las cosas cuando se apaga la luz. Las plantas corren a las otras plantas y es todo un juego de raíces. Se matan entre si, tratando de sobrevivir y al final queda tan poco que queda casi todo. El jardín ya no funciona, esta roto, contaminado. Los soles quemados lo prendieron fuego una vez y después no se volvió a recomponer. Y por eso todos lo usan de escenario para la guerra. Cuando los jazmines se acuestan, todo lo demás se levanta. Planean cosas, cambian objetos de lugar y se hunden en el cielo de cristal. Se devoran entre si y después vuelven a recrearse para seguir con la relación incestuosa que los lleva a seguir viviendo. Yo no sabía las reglas, pero me animé y entré (salí) un día. Los colores se me mezclaban tanto que terminé repartida en toda la huerta. Me perdi un poco y cuando quise volver a ser ya no encontraba mi cuerpo. Lo había dejado tirado, y una parte se había enterrado y se había vuelto jacarandá. Flotaba entre luciérnagas y bichos sin luz que decoraban los pastos. De la piel me brotaban luces y sal. Era otra, la nueva. Me perseguí y me encontré, me atrapé, me absorbí. Y después ya me fui, porque si seguía bailando con tanta cosa inerte iba a terminar quieta y seca, abandonada.
miércoles, 29 de febrero de 2012
Eras como un solcito dulce, rayado, sensible, impulsivo. Lo peor de todo es que tus impulsos eran correctos, acertados, le hacían bien a la humanidad. Eras como un bien por naturaleza. Yo intentaba seguirlos pero eran tan continuados y tan hermosos que me perdía. Después me di cuenta que te habían fabricado para que algún día me completaras. Y cuando te veía, te quería, para mí, para que mi mundo te atrape y te congele en mi tiempo. Una vez te había visto entre desiertos, frutas y jacarandaes, te confundías con la lluvia, que era tan finita pero tan intensa que por momentos parecía una delgada capa transparente y por momentos se convertía en una muralla de polvo. La segunda vez, te había visto con una guitarra en la mano, y aunque no sabías muy bien como usarla, algo de ese sonido me llamó la atención. Me hacía acordar al arte. Intentaba alcanzarlo, lo perseguía, pero se perdía en ese limbo. Y después te volví a ver, pero en realidad solo escuchaba tu risa, que era algo así como un sonajero que no para de hacer un ruido contagioso. Nada de lo que pasaba me causaba gracia, pero me reía. Me hacías reír, y eso estaba bien.
Y después de verte muchas veces me di cuenta de lo que pasaba (me sentí un poco tonta, pero yo te juro que era así): te quería con toda mi carta astral. Desde mi ascendente en piscis, hasta mi luna en escorpio. Y bueno, para mi sol en virgo eras tan interesante... Era imposible, imposible de verdad, no querer estar más cerca. Es que me nombrabas tan seguido (o mejor, algo en mí te nombraba tan seguido) que ser parte de vos ya se había convertido en objetivo de vida.
Mirá, mejor dame otro mate, y hagamos como que no pasa nada, porque si sigo pensando en que alguien te diseñó para que mi dibujo no quede incompleto, las cosas van a terminar muy mal.
Y después de verte muchas veces me di cuenta de lo que pasaba (me sentí un poco tonta, pero yo te juro que era así): te quería con toda mi carta astral. Desde mi ascendente en piscis, hasta mi luna en escorpio. Y bueno, para mi sol en virgo eras tan interesante... Era imposible, imposible de verdad, no querer estar más cerca. Es que me nombrabas tan seguido (o mejor, algo en mí te nombraba tan seguido) que ser parte de vos ya se había convertido en objetivo de vida.
Mirá, mejor dame otro mate, y hagamos como que no pasa nada, porque si sigo pensando en que alguien te diseñó para que mi dibujo no quede incompleto, las cosas van a terminar muy mal.
lunes, 27 de febrero de 2012
hay días en que siento revoluciones adentro mío
mi yo se revela contra el super yo
explotador que lo oprime
y no deja que mi ello se exprese y se realice libremente
es así
las revoluciones internas ocurren
cuando el super yo se pone tan duro que
termina siendo un freno
para el ello que crece y avanza
y entonces el yo manda todo a la mierda
y es libre
y después bueno,
aparece de nuevo el super yo
con su severidad y sus leyes
y todo vuelve a empezar
la verdad, que revolución mal hecha
(¿"revolución permanente" por Freud?)
que quemada que estoy
mi yo se revela contra el super yo
explotador que lo oprime
y no deja que mi ello se exprese y se realice libremente
es así
las revoluciones internas ocurren
cuando el super yo se pone tan duro que
termina siendo un freno
para el ello que crece y avanza
y entonces el yo manda todo a la mierda
y es libre
y después bueno,
aparece de nuevo el super yo
con su severidad y sus leyes
y todo vuelve a empezar
la verdad, que revolución mal hecha
(¿"revolución permanente" por Freud?)
que quemada que estoy
domingo, 19 de febrero de 2012
Cuando no me vés siento tanta ira que creo que podría hacer cosas demasiado irrazonables. Me acercaría a vos y te torturaría hasta que no te quede vida, hasta matarte. Te desarmaría, te usaría para pintar paredes y después te seguiría destrozando hasta el punto de que revivas, porque la muerte es tán intensa que duele, se siente. Te arrancaría lo humano que te queda, lo pisaría, lo disfrazaría de algo que lastime los ojos y lo dejaría tirado en alguna calle.
Cuando no me ves me mataría a mi misma, con la misma furia con que se puede hacer temblar el mundo, con las ganas con las que a veces me río y con la potencia de un arma nuclear. Me clavaría todas las agujas que encuentre, porque la sangre es de un rojo vivo y vital, como mi ira. Como cuando un hielo raja algo, que el sonido es tan agudo y tan insoportable que querés perder la consciencia. A veces quisiera eso, perder la consciencia y vivir en una alucinación tan delirante que todo termine en un climax de colores que te hacen mal y entonces la única forma de salir de ahi es volviendo a perder la consciencia.
Cuando no me ves, es tan grande el odio que me invade, que me doy miedo. Mis manos parecen estar cargadas con una energía capaz de hacer explotar cualquier cosa que toque, pero en realidad eso no pasa. Todo se queda ahí, llega hasta mis manos y vuelve para adentro y me pega y me duele y odio mas y quiero romper trescientos espejos a la vez y que todos los vidrios de mi casa se rompan y que vos termines tan destruido que ya no se puedan reconocer ni siquiera tus ojos.
Cuando soy transparente para vos, te volvés tán fluorecente que me arde el cuerpo, me pica el alma y me quiero convertir en fuego para incendiar todo lo que me rodea.
Cuando soy transparente tiemblo tanto que el viento es suficiente para producir una reacción química de esas que te llenan todo de ácido, te envenenan la naturaleza y destruyen el planeta. Soy ácida, soy un infierno que arde, soy destructiva, contaminante, asesina. Soy tan tan tan tan tan y ni siquiera me animo a tocarte.
Cuando no me ves me mataría a mi misma, con la misma furia con que se puede hacer temblar el mundo, con las ganas con las que a veces me río y con la potencia de un arma nuclear. Me clavaría todas las agujas que encuentre, porque la sangre es de un rojo vivo y vital, como mi ira. Como cuando un hielo raja algo, que el sonido es tan agudo y tan insoportable que querés perder la consciencia. A veces quisiera eso, perder la consciencia y vivir en una alucinación tan delirante que todo termine en un climax de colores que te hacen mal y entonces la única forma de salir de ahi es volviendo a perder la consciencia.
Cuando no me ves, es tan grande el odio que me invade, que me doy miedo. Mis manos parecen estar cargadas con una energía capaz de hacer explotar cualquier cosa que toque, pero en realidad eso no pasa. Todo se queda ahí, llega hasta mis manos y vuelve para adentro y me pega y me duele y odio mas y quiero romper trescientos espejos a la vez y que todos los vidrios de mi casa se rompan y que vos termines tan destruido que ya no se puedan reconocer ni siquiera tus ojos.
Cuando soy transparente para vos, te volvés tán fluorecente que me arde el cuerpo, me pica el alma y me quiero convertir en fuego para incendiar todo lo que me rodea.
Cuando soy transparente tiemblo tanto que el viento es suficiente para producir una reacción química de esas que te llenan todo de ácido, te envenenan la naturaleza y destruyen el planeta. Soy ácida, soy un infierno que arde, soy destructiva, contaminante, asesina. Soy tan tan tan tan tan y ni siquiera me animo a tocarte.
jueves, 9 de febrero de 2012
La bocina del tren, la noche blanca. Las vías viejas, desgarradas, los faroles. Todos me miran como si supieran de mi crimen. Yo maté- Sh. Es un secreto. Si, lo saben, estoy segura. Los árboles, que con el viento, tienen una excusa perfecta para vengarse. Los kioskos, vacíos, con botellas durmiendo en sus superficies, me cierran las puertas. Las escaleras, apoyadas en la pared, de la construcción que nunca se convirtió en algo construido, me asusta. La bocina del tren, de nuevo. Tengo miedo, me miran. Ya saben. Susurran, me cuentan, me escondo. Los laberintos de luces quemadas, que nadie arreglo, se apagan. Los semáforos, de colores, se quedan. Las hojas, quebradizas, frágiles, inyectadas de muerte, se caen. Las piso. Me apuro. El aire, que sale de mi nariz, congelada, se agota. Los ritmos, las horas, el silencio, las noches, los sueños, las caminatas, los olores, las vecinas, el policía, mi tío, me persiguen.
Y cuando recupero algo de lo que se podría llamar vitalidad me doy cuenta de que si no me apuro todo se me viene encima y que si me sigo quedando con las sensaciones momentáneas el mundo me va a aplastar antes de que tenga tiempo de mirarlo y va a ser en ese preciso momento cuando todo termine y por fin pueda sentir la libertad de no tener a nadie que me mire y me diga que me conoce y sabe que hice todo mal.
Me quedo. Me voy. Vuelvo. Ya está. Salí. No. De nuevo. Subimos. Me caigo. El muelle. La torre. Tu voz, mi voz. Las cosas. La vida. El cielo. Tus ojos. Mis miedos. Tu luz. La mía. Apagada. Me asesinas. De nuevo, tu existencia me acaba de matar por enésima vez en el día.
Y de nuevo revivo porque no sé que otra cosa podría hacer después de morirme tantas veces en un mismo atardecer... Vamos que subimos despacio como en una montaña rusa donde empezás despacito y cuando le agarras velocidad ya nada te para y sentis como si tuvieras una bomba a punto de explotarte en el cuerpo que te va contando los minutos aunque sabes que en realidad nunca va a explotar nada y tu vida va a ser tan miserable cuando el juego llegue a su fin que vas a tener que volver a subir para sentir algo en el cuerpo y no pensar que te moriste con la caída o con el vértigo o la felicidad de estar casi tocando el cielo pero no no no lo tocaste y eso es lo divertido lo desafiante de aprender a volar porque no es volar es aprender a volar y hacer de cuenta que estas a punto de cumplir el sueño más fantástico y vivir la experiencia utópica nirvánica imposible de ser algo mas que el ser humano típico que camina y avanza tan lento que nunca puede llegar a lo que quiere porque cuando se esta acercando ya es tarde por el paso lento y entonces volvés a subirte imaginando que esta vez sos invencible y terminas volviéndote adicto a ese juego como cuando eras un adolescente porque al final es la única manera de ser alguien y de no sentir el vacío hueco cruel destructivo y soberbio que nos regalan cada vez que nacemos acá.
Volví a tierra. Ya volé. Ya me piso el tren. Ya me aplastaron todos los objetos. Los de la calle. Los de afuera. Ya soy otra. La de atrás. La que esperaba a que me muera para salir. Y acá estoy. De nuevo. Caminando. La bocina del tren. Me da miedo.
Y cuando recupero algo de lo que se podría llamar vitalidad me doy cuenta de que si no me apuro todo se me viene encima y que si me sigo quedando con las sensaciones momentáneas el mundo me va a aplastar antes de que tenga tiempo de mirarlo y va a ser en ese preciso momento cuando todo termine y por fin pueda sentir la libertad de no tener a nadie que me mire y me diga que me conoce y sabe que hice todo mal.
Me quedo. Me voy. Vuelvo. Ya está. Salí. No. De nuevo. Subimos. Me caigo. El muelle. La torre. Tu voz, mi voz. Las cosas. La vida. El cielo. Tus ojos. Mis miedos. Tu luz. La mía. Apagada. Me asesinas. De nuevo, tu existencia me acaba de matar por enésima vez en el día.
Y de nuevo revivo porque no sé que otra cosa podría hacer después de morirme tantas veces en un mismo atardecer... Vamos que subimos despacio como en una montaña rusa donde empezás despacito y cuando le agarras velocidad ya nada te para y sentis como si tuvieras una bomba a punto de explotarte en el cuerpo que te va contando los minutos aunque sabes que en realidad nunca va a explotar nada y tu vida va a ser tan miserable cuando el juego llegue a su fin que vas a tener que volver a subir para sentir algo en el cuerpo y no pensar que te moriste con la caída o con el vértigo o la felicidad de estar casi tocando el cielo pero no no no lo tocaste y eso es lo divertido lo desafiante de aprender a volar porque no es volar es aprender a volar y hacer de cuenta que estas a punto de cumplir el sueño más fantástico y vivir la experiencia utópica nirvánica imposible de ser algo mas que el ser humano típico que camina y avanza tan lento que nunca puede llegar a lo que quiere porque cuando se esta acercando ya es tarde por el paso lento y entonces volvés a subirte imaginando que esta vez sos invencible y terminas volviéndote adicto a ese juego como cuando eras un adolescente porque al final es la única manera de ser alguien y de no sentir el vacío hueco cruel destructivo y soberbio que nos regalan cada vez que nacemos acá.
Volví a tierra. Ya volé. Ya me piso el tren. Ya me aplastaron todos los objetos. Los de la calle. Los de afuera. Ya soy otra. La de atrás. La que esperaba a que me muera para salir. Y acá estoy. De nuevo. Caminando. La bocina del tren. Me da miedo.
Me saca que hoy
en vez de decirte hola como te llamas
te digan hola como es tu pin
muerte a los blackberrys
los prendería fuego a todos juntos
y encima, odio los ruiditos
cuatro personas con el mismo sonido
las veinticuatro horas del día
es demasiado para mi cerebro,
saquenle la tecnología a mi familia
por favor, que si no los matoooooooooooo.
en vez de decirte hola como te llamas
te digan hola como es tu pin
muerte a los blackberrys
los prendería fuego a todos juntos
y encima, odio los ruiditos
cuatro personas con el mismo sonido
las veinticuatro horas del día
es demasiado para mi cerebro,
saquenle la tecnología a mi familia
por favor, que si no los matoooooooooooo.
No sabía que los espejos hablaran tanto. Incluso cuando está oscuro nos vemos, en la pared de atrás de la pared. Tu infierno toca el mío, lo acaricia, y se lo queda. Entonces ya no sé quien soy y eso es bueno. Los jacarandaes muertos por ahí, las esmeraldas que se apagaron con el humo de tu respiración, y la canción incinerada, que cada tanto suena y parece un ruido mal coordinado. Me tocaste una vez y fué tan placentero que quise llorar. Tus manos me arrancaron una carcajada, esa que viajaba por mi garganta. Y después volví a mi. Y vi los caramelos que escondías, los quise probar, pero no pude. Eran muy dulces, eran muy picantes, tenían demasiados gustos y eso me confundía. Como si se llamaran de tres formas distintas pero permanentes a la vez, juntas separadas inseparables fragmentadas. Algo así, era todo un lío. Quiero gritar y nada más. Gritar tan alto que la tierra se de vuelta y me caiga al planeta siguiente y ahí me prenda fuego y termine en Plutón congelada. Sería una muerte interesante, con muchos cambios, de los que me gustan. Una muerte con contradicciones, viajes, movimiento y vida. Dicen que en algunas constelaciones hay enanos sabios, que te cuentan historias de otros lugares en donde otros enanos le contaron historias que en otros lugares otros enanos ya les habían contado. Y después terminan llegando a mí, porque me morí en Plutón congelada charlando con enanos y riéndome de la felicidad.
Viajes, viajes, viajes.
Mi amor, no te asustes, sos demasiado hermoso como para que yo tenga gans de conocer Plutón, si vos vendrías a ser algo así como los nueve planetas condensados en uno. Eso es lo maravilloso de verte: que veo todo lo que podría estar viendo. Sos como un carnaval de vida pero inerte. (De esos que están tan oxidados que ya no funcionan)-
Viajes, viajes, viajes.
Mi amor, no te asustes, sos demasiado hermoso como para que yo tenga gans de conocer Plutón, si vos vendrías a ser algo así como los nueve planetas condensados en uno. Eso es lo maravilloso de verte: que veo todo lo que podría estar viendo. Sos como un carnaval de vida pero inerte. (De esos que están tan oxidados que ya no funcionan)-
miércoles, 8 de febrero de 2012
En las quintas siempre era así, salían las luciérnagas a amenazarnos con sus luces de colores y nos hacíamos los dormidos. Nos corríamos de lugar con nuestros brazos y nuestras piernas y todos nuestros cuerpos, y volvíamos a empezar. Hacía calor, se te derretía la piel, y era de noche. Siempre con la luna como diamante sobre nuestras cabezas. A veces creo que me mira, esa luna. Tiene agujeros negros, que dicen ser ojos, y me mira. Es salvaje, es impulsiva. Me da miedo. Yo prefiero hacer de cuenta que no está, pero no es tán fácil. Lo que no se puede evitar es el olor a pétalos, ese aroma cálido y frío que te mata. Te arranca el alma y te moris, así de simple. Una vez estábamos jugando a las escondidas, y no los encontré más, a ninguno. Las flores se los habían comido, enteritos. Ahí fué cuando empecé a sospechar, hasta que lo confirmé: tenía plantas carnívoras en mi quinta. Todos los días veía desaparecer a los demás, y veía como se encendían los jazmines y crecían los girasoles y bailaban las azucenas. Era lo típico. Una vez no aguanté más, me acerqué a la huerta y me deje llevar. Y fué hermoso. La naturaleza me poseyó; me desprendí de mi cuerpo, de mi misma, me doble en dos, y me repartí. Me convertí en verde, celeste, amarillo, fuí una extensión de la tierra, y absorbí sol. Canté la canción que anuncia el fín, despegué. Me desarmé, me reconstruí. Fuí libre, fuí inmortal.. Hasta que al final, dejé de respirar.
Apareces tantas veces que tengo miedo de quererte para siempre. Con colores distintos, con mascaras, con flores que te hacen ver diferente, pero sos siempre vos. Con los pies plateados, con esas manos de demonio. Me atrapás con tu corazón de metal, que no respira, pero bombéa y me empuja, me pega en donde no duele. El jardín está repleto de tus olores, de tus pulsaciones pausadas, desparramadas por el pasto, que tiñen lo que algunos llaman naturaleza. Para mi, es solo un jardín que imita la naturaleza, pero nunca la va a igualar. Con soles que giran, con raíces de árboles que se entremezclan tanto entre sí que ya no se sabe donde termina y empieza algo. Las uvas azules, las manzanas violetas, y hasta las naranjas no naranjas, se quejan. Se quejan de vos, que con tus cien miradas lo atravesás todo, lo rompes, lo quemás. Estiras los brazos y me arrancas los pensamientos, los decoras, los retorcés, y me los devolvés y yo no entiendo nada ya. Si es que de repente soy otra o si te deseo porque hiciste algo. Sos como un hechizo de veneno bordó que se infiltra en los sistemas de cualquier cosa que tenga un poco de vida, vas retocando el mundo para que te calce bien. Con pinceles opacos, lo pintás de negro y después le das un poco de luz, y ya no se sabe si querés que seamos todos felices o si estás esperando la guerra.
Sos un desastre, y yo también. Después de empezar a existir solo queda una cosa para hacer: seguir existiendo.
viernes, 3 de febrero de 2012
(Quiero tener frío para tener ganas de tomarme un café y entonces tomarme un café)
Es hermoso el norte ¿viste? te dan ganas de recorrerlo aunque haga mucho calor, porque es un calor seco, no húmedo como el de esta ciudad y entonces entre los colores y las montañas y los cactus y las historias que te cuentan y la energía que tenés seguis caminando, con alguna botella de agua y un sombrero o sin sombrero pero mojandote la cabeza cada tanto.
(Quiero estar inspirada para necesitar escribir y entonces, escribir)
A mi me gusta la lluvia. Antes era como una enamorada del sol, me cautivaba su color, su intensidad, su "poder", el sol está por encima de todo, es como si nos controlara, con la diferencia de que no tiene consciencia ni voluntad ni nada de eso, es como una bomba que tiene poder pero porque otro se lo otorga... ¿quien le habrá dado el poder al sol? bueno no sé, pero antes me gustaba y ahora casi casi casi que lo odio y amo la lluvia. Es tan sana, tan, espontanea, tan no sé... es como el silencio con el que soñás después de caminar todo el día por el centro.
(Quiero tener energías para necesitar descargarla y entonces ponerme a cantar como loca en mi habitación)
Lo que me gusta del arte, es que no es real. Eso, que es la otra cara de la realidad. Por eso no podía hacer del arte mi realidad. Yo necesito al arte para escaparme de la realidad, no para vivirla. Me gusta cuando leo un libro y navego por historias ajenas como si fueran mías, o cuando actúo y me creo que soy ese personaje que se parece tan poco a mí que ya no puedo reconocerme. O me gusta la música, porque viajo tan lejos, que cuando vuelvo duele, cuando vuelvo me parece haber aterrizado en un lugar extranjero. El arte es lo mejor que puede hacer el hombre, en eso, soy la persona más pesimista del mundo... O no tanto, por que el arte es casi utópico, es magia.
(Momento en el que estás a punto de seleccionar todo lo que escribiste con el mouse que no es mouse porque en realidad estás en una notebook y borrar todo. Pero no lo haces poruqe ya lo hiciste tres veces anteriores y repetirlo significaría aceptar que hoy no es un día para escribir. Mejor me callo, estoy diciendo redundancias)
Es hermoso el norte ¿viste? te dan ganas de recorrerlo aunque haga mucho calor, porque es un calor seco, no húmedo como el de esta ciudad y entonces entre los colores y las montañas y los cactus y las historias que te cuentan y la energía que tenés seguis caminando, con alguna botella de agua y un sombrero o sin sombrero pero mojandote la cabeza cada tanto.
(Quiero estar inspirada para necesitar escribir y entonces, escribir)
A mi me gusta la lluvia. Antes era como una enamorada del sol, me cautivaba su color, su intensidad, su "poder", el sol está por encima de todo, es como si nos controlara, con la diferencia de que no tiene consciencia ni voluntad ni nada de eso, es como una bomba que tiene poder pero porque otro se lo otorga... ¿quien le habrá dado el poder al sol? bueno no sé, pero antes me gustaba y ahora casi casi casi que lo odio y amo la lluvia. Es tan sana, tan, espontanea, tan no sé... es como el silencio con el que soñás después de caminar todo el día por el centro.
(Quiero tener energías para necesitar descargarla y entonces ponerme a cantar como loca en mi habitación)
Lo que me gusta del arte, es que no es real. Eso, que es la otra cara de la realidad. Por eso no podía hacer del arte mi realidad. Yo necesito al arte para escaparme de la realidad, no para vivirla. Me gusta cuando leo un libro y navego por historias ajenas como si fueran mías, o cuando actúo y me creo que soy ese personaje que se parece tan poco a mí que ya no puedo reconocerme. O me gusta la música, porque viajo tan lejos, que cuando vuelvo duele, cuando vuelvo me parece haber aterrizado en un lugar extranjero. El arte es lo mejor que puede hacer el hombre, en eso, soy la persona más pesimista del mundo... O no tanto, por que el arte es casi utópico, es magia.
(Momento en el que estás a punto de seleccionar todo lo que escribiste con el mouse que no es mouse porque en realidad estás en una notebook y borrar todo. Pero no lo haces poruqe ya lo hiciste tres veces anteriores y repetirlo significaría aceptar que hoy no es un día para escribir. Mejor me callo, estoy diciendo redundancias)
miércoles, 1 de febrero de 2012
Cuando escribo no soy yo, es otra yo. Una que está atrás de mi yo visible, sería como un clon, o un doble que hace las escenas riesgosas. Bah, no sé bien, porque el cuerpo lo pongo yo, es decir la yo que se ve, pero el alma... eso se lo deja a la otra. Y cuando escribo, pongo justamente eso: el alma. Es como si saliera de mí una voz que hasta a mi misma me resulta ajena, la miro con un signo de interrogación dibujado en los pensamientos, me quedo bastante asombrada. Dice cosas que ni yo sabía que quería decir, confiesa hechos que no tenía idea que existían. Ahora por ejemplo, es una excepción, porque cuando reflexiono sobre algo, siempre habla mi yo externa, pero cuando escribo instintivamente, sin poner mucho la cabeza y dejando fluir ese líquido de...¿verdades?, habla la yo "interior" (qué?) la yo inconsciente, pasional, libre y blabla.
(Viste que hoy es uno de esos días en que llueve piedras, te tomás tés de vainilla, abrís cuevana, aunque no es mi caso, y cuando mirás la hora ya cantan los pajaritos.. Hoy es uno de esos días en que prendería un sahumerio, pero no tengo energía para salir de la cama... me encantaría taparme con el acolchado de plumas pero hace calor, odio el calor. Me gusta el invierno, las hojas que se caen, o ya están por ahí desmayadas en las veredas, el frío que te hace usar bufandas, gorros, camperas y borcegos... el acolchado de plumas, los cafés que te ponen arriba para leerte los cuarentaycuatromilnovecientossesentaysiete textos de la facultad, y los mates mientras discutis política o te resumis los cuarentaycuatromilnovecientossesentaysiete textos que ya leiste. Mi vida basicamente se trata de infusiones, y por eso odio el verano, porque tomarme algo caliente con cuarenta grados me suena hasta hipócrita)
(Viste que hoy es uno de esos días en que llueve piedras, te tomás tés de vainilla, abrís cuevana, aunque no es mi caso, y cuando mirás la hora ya cantan los pajaritos.. Hoy es uno de esos días en que prendería un sahumerio, pero no tengo energía para salir de la cama... me encantaría taparme con el acolchado de plumas pero hace calor, odio el calor. Me gusta el invierno, las hojas que se caen, o ya están por ahí desmayadas en las veredas, el frío que te hace usar bufandas, gorros, camperas y borcegos... el acolchado de plumas, los cafés que te ponen arriba para leerte los cuarentaycuatromilnovecientossesentaysiete textos de la facultad, y los mates mientras discutis política o te resumis los cuarentaycuatromilnovecientossesentaysiete textos que ya leiste. Mi vida basicamente se trata de infusiones, y por eso odio el verano, porque tomarme algo caliente con cuarenta grados me suena hasta hipócrita)
lunes, 30 de enero de 2012
Se me ocurrió pensar que pasaría si de repente hago como una asociación libre de palabras, una cadena, una tras otra, sin censura, sin filtro. Sería como un gran delirio, una alucinación que seguramente tendría bastante sentido. Como los pequeños traumas de la vida de una persona condensados en palabras completamente descontextuadas, pero con un significado casi explosivo. Sería como ver muchas luces de colores mezclándose y arrancándote los ojos, como estar extasiado, no sé, como muy intenso. Me da un poco de miedo, porque sería encontrarme con cosas... no sé, verdaderas. La verdad es así, da miedo porque sabés que no hay otra cosa, es el material del que estás hecha, y te acostumbras a verla a medias, pero nunca a cegarte por su... ¿luz? O su sombra, a veces las sombras son más terribles que las luces, porque no ves nada, ni siquiera la claridad. Es como el negro, la ausencia de colores, el vacío, nada.
Me pregunto por cuanto tiempo puede doler una verdad, cuanto dura el efecto, porque el ser humano tiene la habilidad de acostumbrarse a todo, las cosas más extrañas se naturalizan, las sensaciones más impactantes se vuelven impenetrables, y te inmunizas a todo. Por eso me pregunto cuan largo puede ser ese pequeño infierno, cuanto de vos se lleva. Igual no, no estoy preparada para verme bien, prefiero ir esquivando algunas verdades, me siento mejor. Yo sé que igual las siento todo el tiempo, y a veces te duelen, otras veces te hacen bien. Las verdades que brillan te devuelven eso; brillo. Pero las otras... No sé, las otras te devuelven un agujero de remolinos y huracanes y soles quemados y cielos negros. Que miedo, que miedo la verdad.
No quiero escribir más, a ver si termino escuchando mi verdad sin siquiera quererlo.
Me pregunto por cuanto tiempo puede doler una verdad, cuanto dura el efecto, porque el ser humano tiene la habilidad de acostumbrarse a todo, las cosas más extrañas se naturalizan, las sensaciones más impactantes se vuelven impenetrables, y te inmunizas a todo. Por eso me pregunto cuan largo puede ser ese pequeño infierno, cuanto de vos se lleva. Igual no, no estoy preparada para verme bien, prefiero ir esquivando algunas verdades, me siento mejor. Yo sé que igual las siento todo el tiempo, y a veces te duelen, otras veces te hacen bien. Las verdades que brillan te devuelven eso; brillo. Pero las otras... No sé, las otras te devuelven un agujero de remolinos y huracanes y soles quemados y cielos negros. Que miedo, que miedo la verdad.
No quiero escribir más, a ver si termino escuchando mi verdad sin siquiera quererlo.
miércoles, 25 de enero de 2012
Enterate, hubo un abril que se pasó. Y varios meses más que no puedo acordarme bien. Pasaron primaveras y estaciones sin nombre, relojes que avanzaban para atrás, cosas cotidianas y otras no tanto.
Te diste vuelta y el jardín se lleno de nieve, y la puerta se cerró contra la pared unas mil veces. Y casi que cambió el mundo.
Viajamos una vez sin darnos cuenta, viajamos al presente, lo sentí real, me perdí. Y cuando volví no estabas. Estaba tu canción, y tu guitarra, pero no estabas. Me creí tus poemas porque no conocía otra cosa. Me creí tus flores naranjas, tu perfume barato. Y me creí tu discurso de amor, sin querer.
Que lejos queda tu voz ahora, casi no puedo escucharla. Que alivio. Pensé que había vuelto a ser humana. Pero no. Que alivio.
lunes, 23 de enero de 2012
Con lluvia de fondo el amor parece hasta más real. Te veo pero no del todo. Siempre queda una parte más por ver. Jugando al juego de la nada, de la loca complicada, del hippie medio careta. Haciendo de cuenta que existe algo abajo de ese cuento.
Con lluvia todo parece casi divertido. La que escribe mil poemas por día, el que canta muchas canciones a la vez. No nos cansamos de corrernos, no nos cansamos de saltar. Como si los ritmos siguieran bailando.
Con lluvia hasta te creo, intuyo que incluso vos me crees a mí. La bohemia que solo habla de arte, el artista que solo hace arte. Voy a contar hasta tres y espero que algo pase. Con un milagro me conformo, no pido nada más.
Uno, dos, tres.
Y hasta ahí llegamos. ¿Nunca te dijeron que las mentiras tienen patas cortas?
Me acuerdo de la noche. Era rara, no era como las demás. Había demasiado naturaleza viva, demasiada luz…Y yo no quería ver. Ese día no quería ver nada. Quería el silencio que ya no existe, ese que no esconde sonidos, ese que te hace caer como si atravesaras un túnel del tiempo. Ese día quería los mates con sabor a naranja, las hamacas paraguayas de los países lejanos, e incluso hubiera aceptado unos pastelitos de membrillo. Buscaba volver, no sé a donde, pero volver. El viento me dolía, el ruido del no-mar me daba miedo. Yo estaba quieta, y veía como las hojas se burlaban de mis pies. El viento las hacía bailar sobre mi piel, intercambiando opiniones, prestándose carcajadas entre si. Y yo no entendía mucho. Las veía, las dejaba vivir un rato, creer que de verdad tenían algún control sobre el mundo. Me encantaban los atardeceres de ese lugar, sobre todo porque iban acompañados de los sonidos de las ferias, de los idiomas extraños, vivos, coloridos. Y yo iba a la par de los animales del bosque, y los pájaros de la arena. Y las hormigas que se escondían por entre las piedras, y los peces que nadie veía porque al agua le faltaba transparencia y le sobraba contaminación. Que detalle estar presente de esa forma, que estupidez, que cursi… Hasta parecía una novela de algún escritor enamorado, hasta podía hacerse pasar por un cuadro recién pintado, hasta podría habérmelo creído. Imaginate eso; yo, perdida por ahí, con el tiempo, la imaginación y las ganas suficientes como para pensar todo esto.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)