lunes, 30 de enero de 2012

Se me ocurrió pensar que pasaría si de repente hago como una asociación libre de palabras, una cadena, una tras otra, sin censura, sin filtro. Sería como un gran delirio, una alucinación que seguramente tendría bastante sentido. Como los pequeños traumas de la vida de una persona condensados en palabras completamente descontextuadas, pero con un significado casi explosivo. Sería como ver muchas luces de colores mezclándose y arrancándote los ojos, como estar extasiado, no sé, como muy intenso. Me da un poco de miedo, porque sería encontrarme con cosas... no sé, verdaderas. La verdad es así, da miedo porque sabés que no hay otra cosa, es el material del que estás hecha, y te acostumbras a verla a medias, pero nunca a cegarte por su... ¿luz? O su sombra, a veces las sombras son más terribles que las luces, porque no ves nada, ni siquiera la claridad. Es como el negro, la ausencia de colores, el vacío, nada. 
Me pregunto por cuanto tiempo puede doler una verdad, cuanto dura el efecto, porque el ser humano tiene la habilidad de acostumbrarse a todo, las cosas más extrañas se naturalizan, las sensaciones más impactantes se vuelven impenetrables, y te inmunizas a todo. Por eso me pregunto cuan largo puede ser ese pequeño infierno, cuanto de vos se lleva. Igual no, no estoy preparada para verme bien, prefiero ir esquivando algunas verdades, me siento mejor. Yo sé que igual las siento todo el tiempo, y a veces te duelen, otras veces te hacen bien. Las verdades que brillan te devuelven eso; brillo. Pero las otras... No sé, las otras te devuelven un agujero de remolinos y huracanes y soles quemados y cielos negros. Que miedo, que miedo la verdad. 
No quiero escribir más, a ver si termino escuchando mi verdad sin siquiera quererlo.

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