lunes, 23 de enero de 2012
Cuantas lunas giran al mismo tiempo. Como gritando nombres que no entiendo. Como contandóme secretos que no puedo descifrar. Y cuantos soles se pierden en esos jardines. Mezclándose con colores que no terminan de existir, atrapando luces que iluminan hasta quemar. Corro entre los pastos, entre las flores. Siento el aroma a primavera, a comienzo, a algo nuevo y actual. Veo la carretera, lejana, solitaria, gastada, que conduce a un agujero de sombras. Doy un paso, sin saber bien porqué. Avanzo, sin entender hacia donde. De pronto corro, y me caigo. En un vacío boráz, un silencio de muerte. Siento el aire liviano atravesándome los ojos, cristalizando cada imagen, cada percepción. Y no hago más que dar vueltas, que recorrer cada punta, que habitar cada rincón. A lo lejos hay una laguna de magia, con girasoles rojos y mariposas cuadradas. Se retan entre sí, se protegen. Y yo las miro sin saber que decir. Sin querer interrumpir ese ritual. Contemplo sus carcajadas, escucho sus gestos precisos. Cuan afuera estoy de la naturaleza. Cuan humana me volví. En ese limbo vivo. Entre las raíces de la tierra y las palpitaciones del hombre. Entre cielos espontaneos y palabras artificiales. Respiro un poco de aire fresco y un poco de humo. Un poco de viento marítimo y un poco de polución. Pero ese campo, y esos bichos y esas hojas... me devuelven a mis origenes. Al nido del cual partí. Y quiero quedarme así, mirando el horizonte, hasta después de siempre. Y quiero perderme en los atardeceres lentos y brillantes, en las mañanas frías, descalzas. Porque justo ahora el mundo esta desnudo, y ya me aburrí de usar tantas prendas. Porque justo ahora volvimos al principio y yo ya no quiero más transformaciones. Porque justo ahora, mientras intento ver algo que no sea de mentira, encontré ese agujero; ese vacío, ese punto de partida. Y lo veo bien. Es ahí donde empezó todo; en el primer suspiro.
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