¿De que material tendría que estar hecha para estar siempre presente?
¿Para no desaparecer, desaparecerme, que me desaparezcan?
Soy tan volátil, me esfumo.
Me desdibujo como si estuviera hecha con crayones, o con tizas.
De esas que pasando la mano empiezan a borrarse.
Y ya no estoy, y me perdí. En la distancia, veo los paisajes de los que formaba parte; soy la espectadora de mis propios escenarios, la lectora de mis propios cuentos.
No entiendo de teorías, de maneras, de métodos y técnicas... Pero entiendo de sensaciones y fracasos; de derrotas continuas y primaveras artificiales. Una vez entendí que no se puede estar siempre brillando, y sin embargo veo luces que nunca se apagan. Me pregunto cuanto de esa imagen es real, cuanto se conserva por dentro, traspasando las capas lustradas. Me acuerdo de una imagen fuerte, de las que condensan relatos y emociones perturbadoras. Una montaña, enorme. La naturaleza encendida, viva, respirando. La inmensidad, la infinitud, el cielo, el verde, la vida. Y el silencio. Es un silencio tan pero tan escandaloso, con tantas voces contenidas y tantos discursos superpuestos que me marea. Me asusta, y hasta diría que me acosa un poco, como ahogándome. Me asfixia. Pero detrás de ese silencio hay una sola cosa; la soledad. Esa soledad que aparece cuando el mundo gira con vos sentada en otro planeta. Un silencio tan inesperado y tan violento, que aparece incluso entre la multitud, entre parlantes y música, en las fiestas más alborotadas, en las caminatas multitudinarias y entre el descontrol y el desastre. Aparece sin avisos, y lo anula todo. No queda nada. Solo el silencio. Y no es precisamente paz, calma. No es un descanso, no es una pausa. Es el mundo entero sobre uno, es el ojo del huracán, el volcán desbordante. La soledad que borra, que me borra. ¿donde estoy? y ya no sé si estar es la palabra indicada, si preguntar en donde o si empezar preguntándome ¿estoy?. Siempre se trata de eso, de intervenir, de seguir existiendo, de no desaparecer. Necesito fusionarme para ser, como si siempre fuera la otra parte de algo. O como si siempre hubiese existido la otra parte de mi.
Mirame, ¿me ves? necesito que me veas. ¿Me ves? Quiero prender algunas bengalas, gritar unas cuantas cosas y salir corriendo. Partir tu respiración, incendiar la escena y volar. O quedarme, hasta estar segura de estar viva. De seguir estando. De existir.
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