Como giran las cosas cuando se apaga la luz. Las plantas corren a las otras plantas y es todo un juego de raíces. Se matan entre si, tratando de sobrevivir y al final queda tan poco que queda casi todo. El jardín ya no funciona, esta roto, contaminado. Los soles quemados lo prendieron fuego una vez y después no se volvió a recomponer. Y por eso todos lo usan de escenario para la guerra. Cuando los jazmines se acuestan, todo lo demás se levanta. Planean cosas, cambian objetos de lugar y se hunden en el cielo de cristal. Se devoran entre si y después vuelven a recrearse para seguir con la relación incestuosa que los lleva a seguir viviendo. Yo no sabía las reglas, pero me animé y entré (salí) un día. Los colores se me mezclaban tanto que terminé repartida en toda la huerta. Me perdi un poco y cuando quise volver a ser ya no encontraba mi cuerpo. Lo había dejado tirado, y una parte se había enterrado y se había vuelto jacarandá. Flotaba entre luciérnagas y bichos sin luz que decoraban los pastos. De la piel me brotaban luces y sal. Era otra, la nueva. Me perseguí y me encontré, me atrapé, me absorbí. Y después ya me fui, porque si seguía bailando con tanta cosa inerte iba a terminar quieta y seca, abandonada.
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