sábado, 1 de diciembre de 2012


Es la historia de lo doble, lo que siempre vuelve a ser dos. Lo que no termina de integrarse nunca. Y es que hay una parte dentro de mí que necesita llegar hasta el final (el principio) del mundo. Revolverse en la tierra, fluir en esas aguas subterráneas cargadas de las heridas más terribles, de los enigmas más inquietantes. Hay algo en mí que necesita transformarse en arte, en energía, en cualquier cosa que se disuelva y se vuelva a armar en un segundo, condensando las miserias, las preguntas y las locuras de toda la humanidad. Es el mundo de las intensidades que nunca terminan de crecer, que siempre pueden seguir aumentándose y reproduciéndose. Es un mundo tan profundo que probablemente termine donde ya no queda nada, en el vacío. Quizás lo que me de tanto miedo de ese lugar, sea saber que al final no hay nada. Siento que cuanto más me acerco a lo que desesperadamente anhelo, màs me alejo de lo que realmente existe. ¿que es lo que deseo tanto? ¿que es exactamente, lo que me atrae con tanta fuerza? Es como si lo que me intentara capturar no fuera absolutamente nada. Un agujero que tiene tanto poder, tanta maga, que cautiva incluso aunque no haya nada dentro de él.  ¿Qué hay al final de este camino? No sé si quiero saberlo. Pero nunca es suficiente, y a veces este mundo es lo único que necesito, aunque entregarme a él signifique hundirme en donde ya no hay ni un rayo de luz. 

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