Es la historia de lo
doble, lo que siempre vuelve a ser dos. Lo que no termina de integrarse nunca. Y
es que hay una parte dentro de mí que necesita llegar hasta el final (el
principio) del mundo. Revolverse en la tierra, fluir en esas aguas subterráneas
cargadas de las heridas más terribles, de los enigmas más inquietantes. Hay
algo en mí que necesita transformarse en arte, en energía, en cualquier cosa
que se disuelva y se vuelva a armar en un segundo, condensando las miserias,
las preguntas y las locuras de toda la humanidad. Es el mundo de las
intensidades que nunca terminan de crecer, que siempre pueden seguir aumentándose
y reproduciéndose. Es un mundo tan profundo que probablemente termine donde ya
no queda nada, en el vacío. Quizás lo que me de tanto miedo de ese lugar, sea saber
que al final no hay nada. Siento que cuanto más me acerco a lo que
desesperadamente anhelo, màs me alejo de lo que realmente existe. ¿que es lo
que deseo tanto? ¿que es exactamente, lo que me atrae con tanta fuerza? Es como
si lo que me intentara capturar no fuera absolutamente nada. Un agujero que
tiene tanto poder, tanta maga, que cautiva incluso aunque no haya nada dentro
de él. ¿Qué hay al final de este camino?
No sé si quiero saberlo. Pero nunca es suficiente, y a veces este mundo es lo único
que necesito, aunque entregarme a él signifique hundirme en donde ya no hay ni
un rayo de luz.
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