Es tan transparente, que me vuelve esquizofrénica. Si, es la psicosis, la alucinación. De ver hilos por todos lados, y girar la cabeza para no verlos más. Me enriedo entre cadenas impalpables, me atragando con filos ilusorios. Vos, que sos todo eso, me amenazas a cada rato. Escapar sería desafiarte demasiado, mejor me quedo de pie, mirando como las redes hacen mitosis, como el mundo no para de correr. Me enfurece el encierro, y cuando intento perforar alguna que otra superficie, los cuchillos de hielo se vuelven contra mí. Entonces decrezco unos centímetros, y las telas se amoldan al espacio; llenan los vacíos. Y asi funcionamos vos y yo; tu capacidad para deteriorar mis pasiones, mi vulnerabilidad y mi indefensión ante tus iniciativas. Me encanta porque cada movimiento mío implica uno tuyo, y cada reacción tuya implica un nuevo intento mío. Somos como una pulseada que late, siempre reaccionando al otro. Pero todos esos juegos llevan al mismo resultado, y a veces, cuando estoy un poquito más viva, eso me empieza a parecer injusto.
Y esos días, (no sé porque, pero hagamos de cuenta que es por algo) mi potencia es tanta que tus hilos no pueden ni empezar a existir. Y no estás. Y no me acuerdo mucho de vos; de hecho, soy yo la que va colonizando el mundo. Me trago algunos árboles, invado los prados más turbios, y me apropio de planetas como Urano. Se invierten las ecuaciones, y lo no-yo tiene que reaccionar a lo yo. Yo soy la que avanza, lo demás es lo que se acomoda. Hay días en que la linea de acción me pertenece un poco, y entonces me muevo demasiado, y vos no estás más. Los fantasmas tienen ese beneficio: pueden volver a su punto de partida, pueden desexistir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario