Se me ocurrió pensar que pasaría si de repente hago como una asociación libre de palabras, una cadena, una tras otra, sin censura, sin filtro. Sería como un gran delirio, una alucinación que seguramente tendría bastante sentido. Como los pequeños traumas de la vida de una persona condensados en palabras completamente descontextuadas, pero con un significado casi explosivo. Sería como ver muchas luces de colores mezclándose y arrancándote los ojos, como estar extasiado, no sé, como muy intenso. Me da un poco de miedo, porque sería encontrarme con cosas... no sé, verdaderas. La verdad es así, da miedo porque sabés que no hay otra cosa, es el material del que estás hecha, y te acostumbras a verla a medias, pero nunca a cegarte por su... ¿luz? O su sombra, a veces las sombras son más terribles que las luces, porque no ves nada, ni siquiera la claridad. Es como el negro, la ausencia de colores, el vacío, nada.
Me pregunto por cuanto tiempo puede doler una verdad, cuanto dura el efecto, porque el ser humano tiene la habilidad de acostumbrarse a todo, las cosas más extrañas se naturalizan, las sensaciones más impactantes se vuelven impenetrables, y te inmunizas a todo. Por eso me pregunto cuan largo puede ser ese pequeño infierno, cuanto de vos se lleva. Igual no, no estoy preparada para verme bien, prefiero ir esquivando algunas verdades, me siento mejor. Yo sé que igual las siento todo el tiempo, y a veces te duelen, otras veces te hacen bien. Las verdades que brillan te devuelven eso; brillo. Pero las otras... No sé, las otras te devuelven un agujero de remolinos y huracanes y soles quemados y cielos negros. Que miedo, que miedo la verdad.
No quiero escribir más, a ver si termino escuchando mi verdad sin siquiera quererlo.
lunes, 30 de enero de 2012
miércoles, 25 de enero de 2012
Enterate, hubo un abril que se pasó. Y varios meses más que no puedo acordarme bien. Pasaron primaveras y estaciones sin nombre, relojes que avanzaban para atrás, cosas cotidianas y otras no tanto.
Te diste vuelta y el jardín se lleno de nieve, y la puerta se cerró contra la pared unas mil veces. Y casi que cambió el mundo.
Viajamos una vez sin darnos cuenta, viajamos al presente, lo sentí real, me perdí. Y cuando volví no estabas. Estaba tu canción, y tu guitarra, pero no estabas. Me creí tus poemas porque no conocía otra cosa. Me creí tus flores naranjas, tu perfume barato. Y me creí tu discurso de amor, sin querer.
Que lejos queda tu voz ahora, casi no puedo escucharla. Que alivio. Pensé que había vuelto a ser humana. Pero no. Que alivio.
lunes, 23 de enero de 2012
Con lluvia de fondo el amor parece hasta más real. Te veo pero no del todo. Siempre queda una parte más por ver. Jugando al juego de la nada, de la loca complicada, del hippie medio careta. Haciendo de cuenta que existe algo abajo de ese cuento.
Con lluvia todo parece casi divertido. La que escribe mil poemas por día, el que canta muchas canciones a la vez. No nos cansamos de corrernos, no nos cansamos de saltar. Como si los ritmos siguieran bailando.
Con lluvia hasta te creo, intuyo que incluso vos me crees a mí. La bohemia que solo habla de arte, el artista que solo hace arte. Voy a contar hasta tres y espero que algo pase. Con un milagro me conformo, no pido nada más.
Uno, dos, tres.
Y hasta ahí llegamos. ¿Nunca te dijeron que las mentiras tienen patas cortas?
Me acuerdo de la noche. Era rara, no era como las demás. Había demasiado naturaleza viva, demasiada luz…Y yo no quería ver. Ese día no quería ver nada. Quería el silencio que ya no existe, ese que no esconde sonidos, ese que te hace caer como si atravesaras un túnel del tiempo. Ese día quería los mates con sabor a naranja, las hamacas paraguayas de los países lejanos, e incluso hubiera aceptado unos pastelitos de membrillo. Buscaba volver, no sé a donde, pero volver. El viento me dolía, el ruido del no-mar me daba miedo. Yo estaba quieta, y veía como las hojas se burlaban de mis pies. El viento las hacía bailar sobre mi piel, intercambiando opiniones, prestándose carcajadas entre si. Y yo no entendía mucho. Las veía, las dejaba vivir un rato, creer que de verdad tenían algún control sobre el mundo. Me encantaban los atardeceres de ese lugar, sobre todo porque iban acompañados de los sonidos de las ferias, de los idiomas extraños, vivos, coloridos. Y yo iba a la par de los animales del bosque, y los pájaros de la arena. Y las hormigas que se escondían por entre las piedras, y los peces que nadie veía porque al agua le faltaba transparencia y le sobraba contaminación. Que detalle estar presente de esa forma, que estupidez, que cursi… Hasta parecía una novela de algún escritor enamorado, hasta podía hacerse pasar por un cuadro recién pintado, hasta podría habérmelo creído. Imaginate eso; yo, perdida por ahí, con el tiempo, la imaginación y las ganas suficientes como para pensar todo esto.
Ya lo dijeron muchos, y lo ocultaron unos tantos otros; mientras estamos entretenidos, no hay porqué pensar. Mientras nos distraen con música, chistes, o cualquier cosa que intente hacerse pasar por arte, el mundo vive. Que fácil es controlarnos, cuando saben nuestros puntos débiles; la vulnerabilidad adolescente ante todo, conduciéndolos por la ruta indicada. Que sociedad de mierda, a veces creo que hay quienes me conocen antes de que yo misma lo haga... Y así es como construyen castillos de cristal para que juguemos a las muñecas, o a lo que sea, porque en estos tiempos de libertad y progresismo todo es válido ¿no?Y todos tenemos un lugar, y viva la felicidad. Si, definitivamente a veces me siento un títere, y aún así, hay días en los que jugar a este juego me hace feliz, al menos por un rato.
El asfalto está caliente. Pero lo pisás igual, corrés tán rápido que ni lo notás. Las risas contaminadas, los gritos de otros, se confunden, todos. Las zapatillas todas rotas, con una mezcla de barro y miseria que duele mirar. Y corrés igual. Porque hay un momento en el que no importa eso que siempre importa, no importa lo que tendría que importar. Es una caída libre, la libertad encerrada y condensada. Y vos corrés igual, porqué eso te hace ser especial, o igual, con eso basta. Los vidrios desparramados por las veredas, las pisadas rápidas, los chismes gratis, los ruidos multicolor. Los vecinos que no se entienden, pero se observan. La noche, el día, de nuevo la noche. Las estrellas.. ¿Qué estrellas? Solo veo luz de ciudad. Sombras de luces de ciudad. Pero quizás si creemos que son estrellas nos volvemos más felices. Te caíste, pero volviste a andar. Y el sol se va, y vuelve a venir, y seguís corriendo. Los timbres oxidados, las rejas siempre abiertas. El calor, el calor. Los coches, viejos y nuevos, las ruedas que se pinchan, las radios que se rompen o suenan. Una de las dos. Y el miedo a que se termine. En realidad, no hay miedo. ¿A que? Si lo único que se tiene es la capacidad de ser feliz con la nada. Las pelotas que rebotan, los cordones desatados. Y vos corres para no llegar último. El jugo que tiene gusto a agua, la transpiración, y el viento que te trae los cuarenta grados del norte. Las calles, las casas, las esquinas, más calles. Y al final de todo, el principio del día, el cielo claro, la primavera.
la que lloraba por ser diferente,
la que después se empezo a sentir bien ocupando ese lugar,
la que más adelante se dió cuenta que amaba no ser como se suponía que tenía que ser una adolescente
la que un día descubrió que se había puesto de moda ser diferente, y ahora volvian a ser todos igual
la que terminó viviendo con el sueño de siempre volver a ser diferente, una y otra vez
la que al final, siempre termina siendo igual que todos.
(parece que el mundo está hecho para que nos parezcamos entre todos, y un dia, no pude resistirme más)
la que después se empezo a sentir bien ocupando ese lugar,
la que más adelante se dió cuenta que amaba no ser como se suponía que tenía que ser una adolescente
la que un día descubrió que se había puesto de moda ser diferente, y ahora volvian a ser todos igual
la que terminó viviendo con el sueño de siempre volver a ser diferente, una y otra vez
la que al final, siempre termina siendo igual que todos.
(parece que el mundo está hecho para que nos parezcamos entre todos, y un dia, no pude resistirme más)
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