Hasta que punto, se puede uno hundir. Hasta que raíz, puede uno llegar. Al final del camino solo yace lo que uno no quisiera ver nunca. Delante de los ojos, yace lo que uno no quisiera ver nunca. Dar vueltas, para no verlo. Rodeos hasta el infinito. Para no verse.
Habitación reducida. La luz de la ventana que está en lo alto de la pared derecha, rebota contra la pared izquierda y baja hasta chocarse contra el piso. En ese punto de máxima luz, un espejo. Que también hace rebotar la luz. La luz, ahora, está por todas partes. En los únicos espacios de sombra, ellos dos. Entre ellos dos, el vacío. En el vacío, el silencio. Ni una palabra. Solo la respiración de uno, la respiración de otro, componiendo una partitura para nada prolija. Respiraciones profundas y lentas, del lado izquierdo; respiraciones rápidas y entrecortadas, del lado derecho. Un desencuentro sin límites. El techo bajo, presionando el poco aire que circula en la habitación. El aire, entonces, más condensado de lo habitual. El paso del tiempo no pudiendo ser narrado. Indiferenciación de segundos que no logran construir una secuencia continua. El tiempo, infinitamente, repitiendosé a si mismo, sin ninguna alteración-
Por momentos mirar de reojo el espejo. Después, volver la mirada.
Por momentos, mirar de reojo el espejo. Después, volver la mirada.
Las miradas nunca se cruzan. Parecen sincronizadas para no encontrarse.
El piso de madera crujiendo cada vez que uno de los cuerpos se acomoda. Uno muy seguido, el otro casi nunca. Uno ansioso, moviendosé con mucha frecuencia, el otro inmóvil como un árbol , sujetado a la tierra. Ser que deviene cada vez más inconmovible, y como consecuencia, ser que deviene cada vez más desesperado.
De un lado, la quietud de un corazón que late pensándose, viviéndose.
- Me siento a mi mismo.
Del otro, la aceleración de órganos que no pueden escucharse.
- Que se acabe de una vez.
De un lado, la búsqueda más intima jamás realizada
- Uno las partes. Todo está unido ahora.
Del otro, una incomodidad capaz de hacer estallar el cuerpo.
- No estoy pudiendo respirar.
Silencio. Como siempre, como desde hace ya una eternidad. El ábismo, cada vez más ancho. El contraste, cada vez más profundo.
De un lado, todas las imágenes componiendo una historia ilustrada.
- Todos los recuerdos, todos juntos, ahora, en esta historia inconclusa.
Del otro, todos los demonios atacando el alma de quien no quiere mirarlos.
- Sus voces, cada momento, gritándome. Me aturden. Callensé.
Piso de sombras gastado, arbitrariamente destrozado. Despues, espejo recibiendo y reflejando luz. Después, piso de sombras agujereado por el peso de un cuerpo presente
De un lado, lo oscuro y lo claro en un mismo escenario, conviviéndo, hablando.
- Soy lo peor y lo mejor de mi.
Del otro, el afuera jugando a ser un mounstro.
- No podría seguir soportando tanta hostilidad. El mundo siempre fue un lugar hostil
- El mundo siempre fuimos… En el mundo siempre fuimos los dos.
- Estoy dejando de ser humano. ¿Dónde está el amor? En esta habitación no cabe el amor.
- Nunca, hasta ahora, me sentí tan humano. Poder querer, lo más sombrío y profundo de mi. Eso, debe ser el amor.
Un cuerpo deshaciéndose, a la izquierda. Un cuerpo vibrando, a la derecha. La luz, todavía por todas partes todavía por todos los agujeros todavía por todos los silencios. Los gritos, de quien experimenta su propia muerte. Los gritos, de quien experimenta su propio nacimiendo. Todo es uno y lo mismo. La luz, mezclada con la luz de quien despierta. La sombra mezclándose con la oscuridad de quien se mira. La luz, mezclada con la luz de quien estalla. La sombra, mezclándose con la oscuridad de quien se sufre.
Todo junto y lo mismo.
Todo junto y lo mismo
Dos voces, en dos espacios distintos, en un mismo espacio.
La voz, de quien se asfixia
La voz, de quien se libera
Todo junto y lo mismo.
Todo junto y lo mismo.
Una misma voz, es la misma voz.
Dos veces en el tiempo.
El devenir de quien se hunde. Para salvarse.
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