sábado, 26 de abril de 2014

poesías varias I

I
El bosque nocturno dice cosas.
La noche, profundamente dormida, sueña con una infancia ajena.
La de la casa hecha de madera y ventanas amplias. La de la casa de muñecas.
Siempre los gritos no necesarios de las mujeres tristes.
Siempre las cartas de quienes no podían hablar.
Un acuerdo no pronunciado, que atraviesa todo el jardín.
Un vuelo del pájaro que observa el camino de árboles.
La voz, débil, rota, de quien mira su reflejo en el agua podrida-
Muchos juegos, muchas cruces de sal.
Y el cemento caliente, separando ese mundo.
Cuando el frío, se cristaliza en el cuerpo, el verano se posterga más de lo debido.
y entonces los puentes que unen las cosas, se disuelven en una tasa de té.
¿Dónde están los pétalos, ya muertos, de lo que nunca nació?

II
El fuego se estira, intenta crecer de golpe
La tierra lo atrapa, desde abajo, reteniéndolo
Las llamas en lucha, produciendo el sonido del sol
El canto de una voz primitiva, sutil
y los ojos de quienes miran,
con los oídos de quienes escuchan
y las manos de quienes sienten
Todos, en silencio, desarmados
celebrando el calor, de una pelea altruista.

III
Las manos de alguien anónimo
Sujeandome la cabeza
Obligándome a mirar
en un rio de otoño
una imagen distorsionada y mounstrosa
que debería enseñarme
de que estoy hecha.

IV
El punto exacto donde se encuentran todas las estrellas
El día preciso en que laten a la par
Los ojos privilegiados que las ven parir destellos
El hombre, entero, victima del mundo
que se despierta para aplastar
a la bestia que no supo oir.

V
Cuando se escribe desde el dolor y el encierro,
la poesía es un grito pidiendo libertad,
Pero cuando el huracán ya ha quedado atrás,
entonces la poesía se convierte en un canto que celebra la vida.

VI
Mundo de túneles, todos enredados en el silencio
La sed de quien ansía la vida, la voz de quien se esconde del fuego
Un abismo de intensidad delante de los ojos
y un hilo lo suficientemente firme como para postergar la partida
En lo que fue una casa de canciones tristes, la memoria
En lo que podría ser un laberinto de solsticios, el deseo
y el lugar invisible que divide el cuerpo en dos mitades incompletas
Seguir siendo,  en el reflejo de ríos muertos,
o empezar a ser, en las tempestades de una corriente que no sabe de silencios.

VII
La ruptura del trazo más frágil posible
Intervalo de tiempo. Espera. Más tiempo.
El nacimiento de la criatura salvaje que habita en las sombras
Caminar por el único lugar que deberías haber caminado.
Todo el cuerpo volviéndose una fuente de vida.
Los sonidos más vicerales trastocando las hojas
de los caminos que acaban de ver tus ojos
por primera vez, sin haberlo deseado
El deseo, está vez sí, el deseo
hablando desde el origen de tu existencia.

VIII
Lo que une todo lo quebrado, todo lo que es parte
Pulsion vital tejiendo con hilos sagrados
Un recorrido entre todos los puntos de la tierra
El vacío que deja la destrucción
reparado con los lazos alquímicos
de las almas que renunciaron
a una parte de su narcisismo.

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