jueves, 25 de abril de 2013

crisis cíclicas, repetitivas
que parecen distintas pero no
y que conducen a la irrefutable conclusión
de que en mí coexisten
dos tendencias, dos ¿instintos?
que se pelean entre sí,
se intentan destruir, aniquilar,
se imponen y se instalan
para anunciar una aparente victoria
que en realidad nunca llega
nunca se llega ni al final de la guerra
ni a la conciliación
es guerra constante
y yo no puedo deshacerme de ninguno
porque siempre, siempre vuelven
 de alguna forma nueva, extraña
pero vuelven y otra vez estoy partida en dos.
(leí por ahí, en un texto de la facultad,
hablar de dos polos indialectizables
y por algún motivo esa palabra no para 
de resonar en mi cabeza)
necesitaría algún tipo de síntesis, 
pero me resulta inalcanzable.
(seguiremos siendo dos
por un rato más)


domingo, 21 de abril de 2013

abrir los ojos puede destruirte
o presentarte el desafío 
más emocionante del mundo
en realidad, lo que creo es que
abrir los ojos
solo consigue que estés en el medio
de esos dos opuestos, para siempre

pensamos tanto que parecemos casi iluminados, con respuestas ante cualquier problema, con soluciones profundas y definitivas, con planteos que descolocan y rompen los imaginarios más naturalizados. y entonces deberíamos sentirnos héroes  salvadores, no sé, algo importante. pero no, me siento un poco inútil (muy inútil a veces) porque de tanto pensar nunca se puede hacer nada porque todos es más complejo de lo que parece y porque entonces hagamos otro análisis y después discutimos si es necesario un análisis más o si podes empezar a ¿que?
y ya siento que estoy dando vueltas sobre aire que no se mueve y que tampoco mueve a lo que lo rodea. y entonces quiero mostrarte cuan terrible es todo, y cuan hermoso sería si fuese de otra manera, pero no hago más que enredarme en un sin fin de preguntas que generan más preguntas, que nadie entiende, que son hechas con signos de otros universos y que a fin de cuentas me marean más de lo que me esclarecen.
y lo peor de todo es que son esas preguntas las que te sostienen, son esas verdades las que te calman y son esas apuestas las que te motivan. (Y entonces si movés algo, una sola pieza, si haces un mínimo agujerito, entonces se derrumba todo y sentis un vacío tan desgarrador, tan conmovedor y tan violento que no sabés para donde ir)
¡contame alguna historia, decime algún secreto, dame alguna clave de algo, y jurame que esta vez es verdad, que puedo confiar ciegamente en eso, que nada de lo que pase me va a hacer dudar!

miércoles, 6 de marzo de 2013

a veces me acusan 
de centrista
yo les digo, les explico
que en realidad
no soy centrista
¡soy dialectica!
pero en el fondo es verdad
soy centrista
y un poquito posmoderna
y odio tomar decisiones
y posiciones
y siempre siempre siempre
veo todos los colores
que nadie quiere ver.

voy de una orilla a la otra
sin saber donde anclar
me siento un rato
a mirar el sol
a escuchar el mar
a hablarle al mundo
pero después me tengo que sumergir de nuevo
porque hay algo (todo?)
que me inquieta
y aunque SÉ
que esta es la orilla correcta
tambien sé
que es tan cerradamente correcta
que va contra mi propia naturaleza
que probablemente sea bastante ¿incorrecta?
fuck.

jueves, 28 de febrero de 2013


Ellas hablan todas juntas y se ríen y no se miran. En realidad lo que miran es el reflejo que ven de sí mismas. Buscan en otros ojos, en otras caras. Esperan encontrarse en los comentarios, en los gestos de las demás. No escuchan, no saben de que se trata todo eso, no tienen idea de que están hablando. No sé dan cuenta que en realidad, están viviendo. Brillan, esperan brillar y muestran su esplendor, enumeran sus habilidades, se creen estrellas, soles, universos completos. Intentan atraer con sus uñas fluor y sus jeans rotos. Muestran, exponen, sus historias interesantes únicas envidiables y esperan a ver la reacción de las otras espectadoras. Actúan obras de libretos ya estrenadas, ya ensayadas, ya interpretadas, y no dejan de mirar al público ni por un momento por que es para ellos que encarnan los papeles. Son rebeldes y extrañas y poco convencionales y desconcertantes. O aspiran a serlo. Comen chicles y miran sus blackberrys todo el tiempo para no perderse de su próxima mención en twitter. Se ríen sin saber de que se están riendo, y exageran las expresiones para que toda la escena, por más simple y cotidiana que sea, parezca digna de admirar por cualquiera que les pase por al lado. Buscan a otros para contarles con sus cuerpos y sus palabras lo emocionante que es la vida cuando uno es como ellas. Y a veces lloran en secreto –pero muy en secreto. Porque de repente piensan que no están seguras de que es lo que son, lo que quieren, lo que sueñan. Porque viven para mostrarle a los espejos su belleza y para encontrar un lugar en el hostil y atractivo mundo actual. No se conocen y no se quieren conocer, pero juntas son las imparables y competitivas adolescentes que dedican toda su energía a llegar a ser la persona más normal y la más anormal del planeta. Porque todavía no saben bien en cual de los dos roles se sienten más cómodas. Pero no importa que pase en sus vidas, cuan magnifico sea lo que suceda, mientras cuenten con la capacidad de convertir cualquier hecho en una anécdota irrepetible. Juegan todos los días la misma carrera. Y todos los días ganan. Y todos los días pierden. 

lunes, 25 de febrero de 2013


Del otro lado de la luna hay un universo que no tiene luz. Lo construyeron para que todos puedan ir a llorar. Es una especie de deserto. No tiene nada. Ni aire. Una va, se sienta en el vacío y escupe muchas emociones. Escribe cuentos con las historias más terribles y compone canciones con sombras y fantasmas. Pinta paisajes que probablemente no se parezcan en nada a la realidad. Paisajes de colores oscuros y rostros desfigurados, maltratados por la vida. Paisajes con tormentas que nunca paran, con soles quemados y mariposas muertas. En ese lugar, respirar duele. Y moverse produce una especie de desmayo, de desfallecimiento instantáneo. Todo es catastrófico. Se parece a una guerra entre silencios, a una batalla de vida o muerte, pero interpretada por mounstros. Los que alguna vez fueron, los que alguna vez se perdieron en esos laberintos, dicen que vivir ahí es tan insoportable que uno termina deseando la muerte. Porque se condensan las tragedias de toda la humanidad, las desgracias más desgarradoras. La piel se desintegra, porque todo quema. Ni el sol con su capacidad de incendiar el aire, ni las lluvias más violentas, podrían destruir y aniquilar con tanta intensidad como ese lugar.
La mayoría de sus habitantes fueron por curiosidad, por su profunda atracción hacia lo oscuro y lo místico, por su aburrimiento o por su inhabilidad para vivir en el mundo corriente. Pero nunca más salieron. Nunca más volvieron. Están atrapados en esas redes, están flotando entre poemas de poetas muertos, entre figuras sin luz, entre  aguas estancadas. En el universo de las sombras no hay tiempo. Todo es eterno. Y por eso nada de lo que empieza termina. Las cosas son para siempre. El dolor es inmune a cualquier movimiento. Porque no hay movimientos. Nunca. Todo es estático, inmutable. Lo único que se mueve, lo único que nunca deja de fluir, son los pensamientos. Lo único que podemos hacer acá es pensar y sentir. Estamos quietos, atados de pies y manos, condenados. Pero lo que verdaderamente nos mata, lo que verdaderamente nos condena, es que nuestras cabezas estén vivas. Mientras los cuerpos se mueren y se diluyen en nada, seguimos experimentando las sensaciones más contradictorias y conmovedoras que un ser humano puede conocer. Estamos vivos y es eso, lo que convierte este lugar en el infierno