sábado, 26 de abril de 2014

la loca de los montes

Yo...-esta mujer rota-
que a veces se despedaza aún más en la locura
la que emprende sigilosos, nocturnos vuelos,
sobre los nidos secretos de los monstruos.
La que suele mantener conversaciones largas
con el mismísimo demonio, mirándolo a los ojos.
Yo...
-este ángel mutilado, erróneo-
que arrastra su ala rota en los pantanos,
que camina lentamente
sobre brasas encendidas, sin notarlo,
expiando
quién sabe qué pecado.

Mujeres rotas que caminan entre paredes que se caen y se pegan a su cuerpo fragmentado.
Mujeres rotas de tanto consumir pastillitas de todos los espectros que aseguran su supervivencia en este mundo de cuerdos compensados.
Mujeres rotas que ven como su identidad se desdibuja con cada día de sol expropiado-negado-arrancado.
Mujeres rotas expropiadas, arrancadas, desterradas, de los pies a la cabeza, del mundo de colores vivos. Mujeres reducidas a la suciedad del piso y la invariabilidad de la rutina y la caridad de los turistas. Mujeres hechas de nombres que las mantienen siempre al margen, siempre al borde del camino.
Mujeres deseantes de ser bañadas por la intensidad del día, por la extravagancia de la noche, y la inmensidad de las esquinas.
¡Hace tanto que no salgo a la esquina! Ya no recuerdo su forma, ni de que esta hecha ni para que sirve. Hace tanto que no…

Hace 731 días
que no hago el amor,
que no como papas fritas,
que no voy al cine,
que no me tomo una cerveza,
que no veo a mis amigos.
Hace 731 días de todo
o casi todo…

Aca los matices la vida se reducen a nada. Aca no hay matices, ni alternativas, ni oopciones posibles. Aca hay: Habitaciones, muchas habitaciones. Todas iguales, todas rectangulares, todas con camas ya vencidas, ya aplastadas. Todas blancas (aca los colores están prohibidos, aunque no nos lo hayan explicado cuando llegamos). Todas desubjetivadas.
Aca hay, tambien, saberes que visten cuerpos que visten informes clínicos que visten diagnosticos que visten medicamentos que visten curas que nunca llegan que visten marginación. Aca hay muchos de esos que cree saber lo que te pasa en el alma, lo que habita en tu consciencia, lo que en realidad siente tu inconsciente, lo que en realidad quiere decir lo que tu inconsciente dice decir y lo que en realidad sos. Ellos saben quien soy. Pero yo todavía no puedo recordarlo.
Aca hay, desinversión disfrazada de pintura nueva, estigamatizacion disfrazada de progreso, maltrato disfrazado de derecho ético, y segregación disfrzada de inclusión socioekomental.
Pero hay tambien, y eso es lo único que me gusta de esta fábrica de locos, un jardín, con muchos árboles. Hay, en ese jardín, otra mirada perdida destituida olvidada que si tiene un color y que si tiene una historia y que si tiene un sueño y que si quiere volver a desear.

y te vas a dar una vuelta por el parque del hospicio.
Y te cruzás entonces, con otro espejo que deambula,
más valioso y fidedigno…
¡Y acaece la revelación!
¡Qué voy a estar sola…si somos
mil setenta locos acá adentro!
Y cuando nos juntamos los espejos
uno le da coraje al otro y resistimos.
La subestimación.
La discriminación.
Los abandonos.
Pero bueno, estas ya no son cosas de locos.

Espejos no. Espejos acá no. Vos ya no sos lo que eras. La idea, es que no lo seas jamás. La idea es que aprendas a ser algo más normalizado-soportado. ¿Quién soporta tu delirio sin sentido, tu pregunta inoportuna, tus palabras insensatas?
Vos, tenés que deshacerte de vos. Eso es la cura. La cura es no ser más vos. No seas la fiel seguidora de Pizarnik. No seas, la admiradora secreta de Dalí. No seas, la amante silenciosa de Artaud. Quema tus poemas, tu liberación, tiralos a la basura, deshacete de ellos, que son los que te llevan a la enfermedad sin retorno. No tomés mates calientes en varano, ni escuches a los Beatles en tu habitación. No pintes con tus inquietudes las paredes de tu cocina, ni te quedes como una desalineada mirando el sol.
Des-hacete de vos, así, vas a estar mejor. No te enamores, no corras ese riesgo. No ames, no abras tu corazón. No sueñes no pienses no imagines no dudes no preguntes no cuestiones no te ofendas no estés triste no llores no te rias demasiado fuerte.

Es muy malo preguntarse tantas cosas
que  complican, además, el tratamiento.
Tengo  sueños, pesadillas…
que a nadie se las cuento, por las dudas, 
no sea cosa, vayan a la historia clínica.
Pero si tengo insomnio, por ejemplo,
esto es inocultable,
y va derecho a la historia clínica.
Mi psiquiatra, entonces,
regula las pastillas.
Duermo: se anota en la historia clínica.
Doctor, estoy amando…
¿Esto también irá a la historia clínica?

Estas toda registrada-anotada-vigilada. Quedate quieta, en este infierno de piezas acomodadas, quedate quieta en este infierno hostil frio, deshumanizado. Quedate quieta, que todo irá avanzando. Quieta, quieta, quieta en este infierno de repetitivos escenarios.
Ellos me mantienen quieta. Lo logran, con cada sesión de electro shock. Quieta, con cada pastilla de Haloperidol. Quieta, con su  desgarradora definición. Y yo les digo, un poco burlándome, un poco rebelándome, un poco liberándome, que hay un lugar al cual nunca van a llegar. Existe un mundo, allá a lo lejos, acá a lo cerca de mí, que todavía está intacto y es si mismo. Es el mundo desde el cual surge este poema, esta pintura, esta canción.
Mitad poeta - mitad estudiante de psicologia social- mitad militante - mitad madre - mitad interna de todos los manicomios del mundo - mitad amante de la música local - mitad artista hecha con los restos de la soledad- Mitad y muchas mitades mas- ¿Quien necesita ser una unidad? Veni, pasa, se puede vivir así, yo te lo quiero explicar.

"Eche veinte centavos en la ranura…”
 y  pase.
-voy a mostrarle un mundo-
un contrauniverso, acaso.
Un pedazo de realidad, que casi seguro,
usted teme y desconoce,”

Yo pienso, mientras termino el último cigarrilo de día, que locura… Locura, es que el arte de los locos, no invada las calles todos los días.


(Hecho con fragmentos tomados de "Los montes de la loca" de Marisa Wagner)

cuento sobre la soledad

En los bordes de la ciudad, donde se cruzan las vías de todos los trenes, donde se proyecta la sombra del sol, ella se detiene a sentir. Sobre el banco de una plaza desierta, de un barrio desierto en una mundo desierto, ella se detiene a sentir. Deja el mate guarda el libro apaga el cigarrillo, y escucha el vacío. Escucha, temblando de miedo, ESE vacio. Uno profundo, confuso,  indeterminado, que desemboca en una intimidad tambien indeterminada y confusa. Eso es lo que más le asusta.  Ella, llena de colores y oscuridades, intenta, con todos los pinceles que tiene a su alcance, dibujar la realidad, mancharla hasta que se vuelva irreconocible. Ella, con los pulsos del mundo  hablándole en susurros, se concentra, o intenta concentrarse, en todo lo que la rodea. “Yo, que… escribo. Yo que.. bailo.. Yo que leo libros de mitología griega y poesía latnoamericana… Yo que soy un poco timida y un poco insegura… Yo que tomo el café con leche en la taza que me regalo mi abuela… Yo que voy al teatro pero no al cine… Yo que en invierno me encierro a escuchar a Bach y llorar en silencio…”
Ella, juntando pedacitos de su vida, se reconstruye en una imagen perfectamente lógica y decible. Decible, posible de ser dicha, de ser nombrada. Nombra su reflejo con los restos de la memoria, con los vagos recuerdos de lo que fue el día anterior. Ella toda símetrica y clasificada, conduce toda su energía hasta lugares que la protegen de nunca encontrarse cara a cara con la oscuridad.  Con sus rasgos perfectamente delimitados y sus intereses bien presentes, va tocando los timbres de todas las casas de su calle y de otras calles que se cruzan con mas calles devenidas nuevas calles, y les ofrece a los vecinos, un poquito de su corazón. Yo soy esa que… “lee poesía y escucha Bach y va al teatro y…” todos los días, sin perder la paciencia, recorre nuevos barrios, los más olvidados, lo más lujosos, los más bohemios y los más relucientes, con la esperanza de encontrar algun huequito que la saque a bailar. Que saque a bailar a su mundo de sombras y a sus libros todos amontonados y a sus discos escuchados y una y mil veces y a sus ideas alborotadas y a sus deseos latiendo en el fondo del placard. Pero vuelve siempre, sin excepción, con papeles arrugados, mojados por la lluvia, pisoteados. Con sus sueños achicados, con sus manos intactas. Nadie, en esta ciudad inmensa, en esta infinidad de calles, en esta indeterminación de rostros, quiso, deseó, darle la mano.  “Deben estar todos muy ocupados con sus sueños y sus rutas” pensó ella para consolarse, para no decepcionarse de la humanidad.
Muchos días, muchas semanas, muchos atardeceres y bicicletas pasaron delante de sus ojos mientras ella avanzaba por las extremidades y los conductos de este país de las maravillas no vislumbradas. Y siempre volvía con su mochila de ilusiones transformada en una capa invisible que nadie podía percibir.      Sus ojos se la pasaban detenidos en todos los ojos de aquellos que, desde su perspectiva, no la querían ver. Posados sobre los deseos de otros, sobre las expectativas de otros, sobre los fantasmas de otros, pasaba las noches de luna llena llorando a la luz del cielo.
Llorando, llorando mucho. Muy profundamente hasta que todo su cuerpo se encontraba conmovido por el llanto. Hasta que cada espacio de aire se reacomodaba para mirar el espectáculo. Hasta que la luna la abrazara con su inmensidad disimulada.  La inmensidad de la luna, y su aparente tamaño ante los hombres, la hicieron detenerse. Sentada en el balcón de una noche llena de luciérnagas, sintió, por primera vez, el silencio. Una habitación llena de silencio. Un mundo lleno de silencio. Una tempestad hermosamente silenciosa y viva. Respiro, respiro desde las entrañas, desde lo más último de su infinidad, respiró entregándose a la vida entera. Se desarmó, pedacito por pedacito, hasta no ser más que poesía fusionada con la luna y arte desprendido de la naturaleza de su cuerpo y creación hecha de su más íntima verdad. Por primera vez, no fue más que presente vacío de pensamientos, presente nudo de emociones inentendibles intensas desesperadas. El motor de su camino, los laberintos de su infancia, la potencia de su dolor petrificado; todo cobro vida dentro de ella.  En ese tiempo continuo y espontaneo, escuchó un canto. Desgarrador, pasional, visceral. Canto de un tiempo anterior al de este universo, de un futuro próximo todavía no devorado. Eran las voces de los pajaros que salían de todos los rincones, para contemplar el escenario donde se desenvolvía la tragedia convertida en músical. Eran las lunas de todas las galaxias que sintieron el llamado del amor. Eran, más tímidamente, las orugas que motivadas por la presencia de esa niña devenida mujer devenida alma, se animaban a ser mariposas nocturnas. Eran, todavía encadenados, los mounstros que ascendían de las capas más calientes de la tierra, para compartir ese calor.
Ella, al contemplar ese espectaculo, el más maravilloso espectáculo que había visto en su vida,  sacó la voz. Desde su lado más humano, más vivido, más experimentado y percibido, sacó la voz. Sin saber para quien hablaba, sin saber que esperaba recibir a cambio, sin sacar los ojos de sí misma, sacó la voz.  Y lo que dijo fue tan genuino, tan verdadero y tan propio, que todos, hasta la más insensible de las criaturas, hasta la más sorda de las luciérnagas, hasta la más ciega de las estrellas, quisieron escuchar.  

la llegada

Respiro, por primera vez, un aire que no está comprimido.  Sonidos, todos juntos, de un mundo nuevo. Todo nuevo por primera vez, invitándome a vivir. La luz, atravesando las pupilas, cruzando el cuerpo de quien no entiende de límites. Un pulso que me es ajeno con un latir que me es ajeno y un estar presente que me es ajeno también. Un calor demasiado fugaz como para que pueda soñar con su continuidad. Otro cuerpo demasiado instantaneo como para dejar la marca de la ilusión. La indiferencia, del mundo nuevo. El no lugar, del mundo nuevo. ¿Dónde termino? ¿Quién me sostiene?
Se necesitan años para comprender el significado de una llegada. Fue mi llegada, en una tarde de septiembre, con el frío no queriendo ceder, con las flores insistiendo en salir y los soles recorriendo un camino donde no entran las tormentas de amor.  Todo frío y a punto de romperse alrededor. Todo frágil y (des)controlado alrededor. Todo hostil y despiadado, alrededor.  Esto no es lo que me contaron los pájaros del tiempo cero. Esto no es lo que me narraron los viajeros, con los que comparti el terror a salir. Mi partida, más dolorosa que mi llegada. ¿ O fue al revés? Todo en suspenso, en la línea que divide esos dos acontecimientos. Todo inmóvil, en la hora exacta en que se cortan los hilos.  Quedémonos quietos, para no rompernos, para que no pase la locura a través de las manos y los ojos y las almas, que también están quietas, como todo lo demás, temblando. Todo temblando, para no desarmarse. El derrumbe inevitable, que atravesaría todo el camino hacia la puerta de entrada. ¿Hay puerta de entrada, en esta habitación?  ¿Por donde se entra a la vida?
Todo sombrío el limite entre el contenido y el continente de este lugar. Todo cerrado hermético ante la posibilidad de que se abra el canal que fluya la corriente de agua. Todo confuso en ese punto donde debería terminar un cuerpo todo indiferenciado el vacío entre dos cosas que debían estar separadas. La calle sin caminantes la luz entrando por los agujeros que dejan los bosques en el invierno. Todo un espacio entre cada ser singular todo un remolino de realidad separando las pieles envase de lo que no puede contenerse. Todo desparramada la esencia el sentir somos sentidos por el mundo más grande más atrás más antes que nosotros. Todos lo mismo enfrascado de distintas maneras. Todos lo mismo todo oscuro el hueco por donde transitan las cosas que deberían estar encerradas. 

todo junto y lo mismo

Hasta que punto, se puede uno hundir. Hasta que raíz, puede uno llegar. Al final del camino solo yace lo que uno no quisiera ver nunca. Delante de los ojos, yace lo que uno no quisiera ver nunca. Dar vueltas, para no verlo. Rodeos hasta el infinito. Para no verse.

Habitación reducida. La luz de la ventana que está en lo alto de la pared derecha, rebota contra la pared izquierda y baja hasta chocarse contra el piso. En ese punto de máxima luz, un espejo. Que también hace rebotar la luz. La luz, ahora, está por todas partes. En los únicos espacios de sombra, ellos dos. Entre ellos dos, el vacío. En el vacío, el silencio. Ni una palabra. Solo la respiración de uno, la respiración de otro, componiendo una partitura para nada prolija. Respiraciones profundas y lentas, del lado izquierdo; respiraciones rápidas y entrecortadas, del lado derecho. Un desencuentro sin límites. El techo bajo, presionando el poco aire que circula en la habitación. El aire, entonces, más condensado de lo habitual. El paso del tiempo no pudiendo ser narrado. Indiferenciación de segundos que no logran construir una secuencia continua. El tiempo, infinitamente, repitiendosé a si mismo, sin ninguna alteración-
Por momentos mirar de reojo el espejo. Después, volver la mirada.
Por momentos, mirar de reojo el espejo. Después, volver la mirada.
Las miradas nunca se cruzan. Parecen sincronizadas para no encontrarse.
El piso de madera crujiendo cada vez que uno de los cuerpos se acomoda. Uno muy seguido, el otro casi nunca. Uno ansioso, moviendosé  con mucha frecuencia, el otro inmóvil como un árbol , sujetado a la tierra.  Ser que deviene cada vez más inconmovible, y como consecuencia, ser que deviene cada vez más desesperado.

De un lado, la quietud de un corazón que late pensándose,  viviéndose.
-          Me siento a mi mismo.
Del otro, la aceleración de órganos que no pueden escucharse.
-          Que se acabe de una vez.

De un lado, la búsqueda más intima jamás realizada
-          Uno las partes. Todo está unido ahora.
Del otro, una incomodidad capaz de hacer estallar el cuerpo.
-          No estoy pudiendo respirar.

Silencio. Como siempre, como desde hace ya una eternidad. El ábismo, cada vez más ancho. El contraste, cada vez más profundo.

De un lado, todas las imágenes componiendo una historia ilustrada.
-          Todos los recuerdos, todos juntos, ahora, en esta historia inconclusa.
Del otro, todos los demonios atacando el alma de quien no quiere mirarlos.
-          Sus voces, cada momento, gritándome. Me aturden. Callensé.

Piso de sombras gastado, arbitrariamente destrozado. Despues, espejo recibiendo y  reflejando luz. Después, piso de sombras agujereado por el peso de un cuerpo presente

De un lado, lo oscuro y lo claro en un mismo escenario, conviviéndo, hablando.
-          Soy lo peor y lo mejor de mi.
Del otro, el afuera jugando a ser un mounstro.
-          No podría seguir soportando tanta hostilidad. El mundo siempre fue un lugar hostil
-          El mundo siempre fuimos… En el mundo siempre fuimos los dos.
-          Estoy dejando de ser humano. ¿Dónde está el amor? En esta habitación no cabe el amor.
-          Nunca, hasta ahora, me sentí tan humano. Poder querer, lo más sombrío y profundo de mi. Eso, debe ser el amor.

Un cuerpo deshaciéndose, a la izquierda. Un cuerpo vibrando, a la derecha. La luz, todavía por todas partes todavía por todos los agujeros todavía por todos los silencios. Los gritos, de quien experimenta su propia muerte. Los gritos, de quien experimenta su propio nacimiendo. Todo es uno y lo mismo. La luz, mezclada con la luz de quien despierta. La sombra mezclándose con la oscuridad de quien se mira. La luz, mezclada con la luz de quien estalla. La sombra, mezclándose con la oscuridad de quien se sufre. 

Todo junto y lo mismo.
Todo junto y lo mismo
Dos voces, en dos espacios distintos, en un mismo espacio.
La voz, de quien se asfixia
La voz, de quien se libera
Todo junto y lo mismo.
Todo junto y lo mismo.
Una misma voz, es la misma voz.
Dos veces en el tiempo.
 El devenir de quien se hunde. Para salvarse.

poesías varias I

I
El bosque nocturno dice cosas.
La noche, profundamente dormida, sueña con una infancia ajena.
La de la casa hecha de madera y ventanas amplias. La de la casa de muñecas.
Siempre los gritos no necesarios de las mujeres tristes.
Siempre las cartas de quienes no podían hablar.
Un acuerdo no pronunciado, que atraviesa todo el jardín.
Un vuelo del pájaro que observa el camino de árboles.
La voz, débil, rota, de quien mira su reflejo en el agua podrida-
Muchos juegos, muchas cruces de sal.
Y el cemento caliente, separando ese mundo.
Cuando el frío, se cristaliza en el cuerpo, el verano se posterga más de lo debido.
y entonces los puentes que unen las cosas, se disuelven en una tasa de té.
¿Dónde están los pétalos, ya muertos, de lo que nunca nació?

II
El fuego se estira, intenta crecer de golpe
La tierra lo atrapa, desde abajo, reteniéndolo
Las llamas en lucha, produciendo el sonido del sol
El canto de una voz primitiva, sutil
y los ojos de quienes miran,
con los oídos de quienes escuchan
y las manos de quienes sienten
Todos, en silencio, desarmados
celebrando el calor, de una pelea altruista.

III
Las manos de alguien anónimo
Sujeandome la cabeza
Obligándome a mirar
en un rio de otoño
una imagen distorsionada y mounstrosa
que debería enseñarme
de que estoy hecha.

IV
El punto exacto donde se encuentran todas las estrellas
El día preciso en que laten a la par
Los ojos privilegiados que las ven parir destellos
El hombre, entero, victima del mundo
que se despierta para aplastar
a la bestia que no supo oir.

V
Cuando se escribe desde el dolor y el encierro,
la poesía es un grito pidiendo libertad,
Pero cuando el huracán ya ha quedado atrás,
entonces la poesía se convierte en un canto que celebra la vida.

VI
Mundo de túneles, todos enredados en el silencio
La sed de quien ansía la vida, la voz de quien se esconde del fuego
Un abismo de intensidad delante de los ojos
y un hilo lo suficientemente firme como para postergar la partida
En lo que fue una casa de canciones tristes, la memoria
En lo que podría ser un laberinto de solsticios, el deseo
y el lugar invisible que divide el cuerpo en dos mitades incompletas
Seguir siendo,  en el reflejo de ríos muertos,
o empezar a ser, en las tempestades de una corriente que no sabe de silencios.

VII
La ruptura del trazo más frágil posible
Intervalo de tiempo. Espera. Más tiempo.
El nacimiento de la criatura salvaje que habita en las sombras
Caminar por el único lugar que deberías haber caminado.
Todo el cuerpo volviéndose una fuente de vida.
Los sonidos más vicerales trastocando las hojas
de los caminos que acaban de ver tus ojos
por primera vez, sin haberlo deseado
El deseo, está vez sí, el deseo
hablando desde el origen de tu existencia.

VIII
Lo que une todo lo quebrado, todo lo que es parte
Pulsion vital tejiendo con hilos sagrados
Un recorrido entre todos los puntos de la tierra
El vacío que deja la destrucción
reparado con los lazos alquímicos
de las almas que renunciaron
a una parte de su narcisismo.

Los cuatro elementos de la sombra

ahora
en esta hora inocente
yo y la que fui nos sentamos
en el umbral de mi mirada
(A. Pizarnik)

I
 Los volcanes submarinos son fisuras en la superficie de la Tierra ubicadas bajo el nivel del mar. En algunas ocasiones y  bajo determinadas condiciones ambientales, pueden entrar en erupción desprendiendo de si mismos un manto de magma.  El magma, a una temperatura que ningún ser humano podría soportar, choca con el agua  y en consecuencia acaba cristalizándose dando lugar a una especie de roca. Se trata de uno de los tantos fenómenos naturales que existen y se sostienen sin que podamos ser parte de ellos, sin que podamos  intervenirlos. A cinco mil metros de profundidad, donde no hay ni siquiera un residuo de la luz solar, viven, continuamente, más especies de las que el hombre puede imaginar. Ecosistemas enteros desarrollandosé en la oscuridad más absoluta del universo. Su supervivencia se debe,  precisamente, al magma volcánico. Fuentes hidrotermales garantizando la vida de seres submarinos que no necesitan del calor ni la luz del sol. Un mundo de criaturas completamente independientes de aquello que la humanidad considera como el motor de la vida. Materia viva  completamente desconocida e inaccesible para el hombre. O accesible solo a la mirada. El hombre, con su soberbia, con su necia pretención de entenderlo todo, solo puede mirar. ¿Cómo se siente solo mirar? ¿Cómo se siente mirar y no entender lo que se está viendo? ¿Como se siente no poder ponerle nombre a lo que se está viendo? El mundo nos desbordó una vez más.

II
El problema de la oscuridad, no es la falta de luz. El problema de la oscuridad, es el tiempo que tardan los ojos en acostumbrarse, a esa oscuridad. Tiempo-vacío, tiempo-desorden,  tiempo anti humano.   Y mientras tanto ¿Qué? Mientras la espera se despliega,  mientras la realidad es un caos salvaje ¿Qué? Nada. La nada, la sensación más temida por el alma humano. El caos, el mounstro más repudiado por la razón. El sin-sentido, la experiencia más desconcertante para un cuerpo con vida. Realidad devenida impresión surrealista. El fantasma de todos los vivos.

III
“No llegues al fondo, de ahi no se vuelve” decía una voz en mi infancia. “No dejes que vean tu lado fallado, eso te convertiría en un insecto  paradigma del espanto” decían muchas voces, en mi infancia- Infancia mitad real-mitad onírica, pero infancia al fin. “La falla es lo único humano del ser humano” dice una nueva voz, mucho más madura. “Falla punto constitutivo del ser” dicen los psicoanalistas que invaden las facultades del mundo. Somos falla. Siempre auténtica, siempre singular, siempre propia. Pero todos somos procesos fallados- Fallidos. Nunca lo necesario, nunca lo justo, nunca lo suficiente. Lo que sobró, que faltó, lo que estuvo de más, lo que debía haber sido. Lo que solo tienen otros, lo que me perturba, de otros. Falla motor del arte.  Poesía fruto de la semilla fallada del ciclo vital.  La desgarradura que todos tenemos, dice Pizarnik, en uno de sus poemas tambien fallados.  Y el dolor. La forma de experimentar la falla es el dolor. El dolor ¿no te hace sentir más cerca de la humanidad?

IV
Un jardín de espinas que cubre todo el campo visual. Todas filosas, todas extensas, todas en posición de ataque. Un colibrí intentando sobrevivir. Si logras atravesar el primer año sin morir, eso quiere decir que fuiste muy valiente. Muchos colibríes mueren en sus primeros meses. Son muy vulnerables a la vida. ¿Quién no lo es?
Un jardín de primaveras que cubre todo el campo visual. Mariposas navegando el aire. Luciernagas burlándose del hechizo nocturno “Solo saldrás cuando la última luz se haya apagado” ¿Quién lo dijo? Preguntó la más rebelde. Las cadenas se rompen. Rebelión en el parque.
Un jardín de mosquitos indica el comienzo del verano. Solsticio sagrado de los amores húmedos. El carrusel vuelve a arrancar. Todas las canciones se cantan a si mismas para aprender a escucharse.  Un maniquí hecho de pájaros ancestrales. El canto de lo que abrieron los ojos. La magia sucede.
Un jardín de sombras transformadas en libertad. En lo más subterráneo del pozo, la materia prima para la génesis del movimiento Serse fiel. Con lo  oscuro, construir un sistema de luz propio.  Luz no sol-autoreferencial. Luz no racionalizable denominador comun de todos los mitos. Luz no el eje del universo conocido tomado como universo universal. La luz, en las profundidades del mar, donde no llegan tus ojos,  no proviene del sol, si no de la lava volcánica. De ese fuego, dos posibilidades: La destrucción (de uno, del mundo), o la vida, expandiéndose. “El fondo del mar se rehace continuamente” dice un científico intentando explicar lo inexplicable. Yo me rehago con mi propio fondo. Oscuridad avanzando hacia lo infinitamente inconcluso.  Derramándo mi falla humana extiendo mi pulso vital.

domingo, 9 de febrero de 2014

los salvados

Ellos nos llaman los marginados. Nos llaman, en realidad de muchas maneras. Les encanta ponernos nombres que nos enmarquen en un agujero bien alejado de sus escenarios relucientes. Ellos, usando todas las palabras del vocabulario español-ingles-frances-extraterrestre, dedican sus horas a clasificarnos. Nos clasifican con todas esas palabras que, quizás no lo saben, pero fueron inventadas solo y nada más que para etiquetarnos. Nosotros, hechos de barro y muchos otros materiales que no brillan y no encandilan, avanzamos por los bordes de la normalidad. Somos los marginados que caminan al costado de la ruta, donde ya no llegan las luces de esas cámaras que día a día, gastan su inagotable energía en mostrar como hay que ser para no ser un marginado. Vos, sos un marginado, no te das cuenta? No estás a la altura de las circunstancias. No se ven tus huesos a través de la ropa, no estás lo suficientemente expuesto, no tenes la sonrisa suficientemente acomodada y no usas unos zapatos lo suficientemente altos como para que todos veamos desplegar tu perfeccion. Vos, sos un marginado, porque no pensás como pienso yo, como piensa él, como nos enseñaron a  pensar. No repetís estás palabras, ¡ni siquiera las sabes! ¿Cómo te animas a hablar en esta sociedad si no te  aprendiste las reglas que todos los días tanto se esfuerzan en hacernos aprender? Sos un marginado, un marginado que no se mueve con el ritmo de la canción que suena todos los dias por la misma radio hasta aturdirte los oídos, el alma, el corazón. Sos un marginado, escuchas música de hace tres décadas atrás, que ya no tiene nada que ver con lo que vivimos hoy. ¿Qué haces escuchando esa música, no te das cuenta que progresamos? Hay que actualizarse. No seas conservador, actualízate. Actualizate todos los días, actualízate antes de llegar a estar desactualizado, antes de empezar a ser un marginado. ¡Actualizate, hacelo dejándote ser, y perdete en todas las tendencias que nacen a la vez, sin que se haya agotado la anterior. Solo se trata de eso ¡Espontaneidad, dejate transformar por la vida, tan hermosa y tan profunda que todos los días reproduce lo mismo pero en distintos colores y por distintos canales. Dale, no seas rigido, abandonate a lo que escuchás, a lo que el mundo te grita desde cada voz alienada que invade la ciudad. ¡No seas timido, expone tu intimidad! que aca nadie te va a lastimar, porque a nadie le importa un carajo lo que tengas para decir, porque a nadie se le ocurriría quedarse escuchando tu relato lleno de miedos y dudas y deseos y sueños. Vamos ¡expone tu intimidad! que nadie va a juzgarla, porque es igual a la de todos los demás, porque en realidad no existe, nunca pudo construirse, porque nunca hubo un espacio que te enseñe a estar en silencio, soportando la incomodidad de no saber que hacer con tu propia vida. ¡Dale, no te angusties tanto preguntándote que es lo que querés! El mundo ya lo resolvió por vos, tenes una variedad enorme de alternativas seguras, y en el fondo todo son lo mismo, asique no te angusties, que el mundo ya lo resolvio por vos.
Sos un marginado, hay tantos marginados que no se animan a vivir el hoy.  Marginados que todavía analizan nuestra historia, que todavía les inquieta el futuro. Marginados que todavía quieren explorar el mundo. Que todavía les conmueve el arte y todavía CREAN ARTE. Si, lo hacen. Marginados que cantan con guitarras criollas y escriben poemas a mano.  Marginados que creen que la belleza es abrirse y mostrar la vulnerabilidad, y construir algo en un presente verdadero, compartido, espontaneo. Marginados que caminan impunemente sin maquillarse, sin maquillar sus imperfecciones. Marginados. Marginados que no respetan lo que la humanidad construyó con tanto esfuerzo, el estereotipo de persona NO marginada.
¿marginados, decis? YO prefiero llamarnos “los salvados”. Los salvados que todos los días soportan la incertidumbre de no saber como seguir, la angustia de construir un camino propio sin criterios preestablecidos. Los salvados que todavía creen posible cambiar el mundo, con sus revoluciones cotidianas y sus continuas luchas contra la corriente que fluye y arrastra a la humanidad entera.  Los salvados que a diferencia de vos, que querés convencerme con tu discurso de “sé vos mismo pero vestite igual que todos los demás y no vayas a salir a la calle sin peinarte”, que a diferencia de vos, que querés conmoverme con tu idea de “somos re solidarios, pero igual, te recomiendo que intentes salvarte a vos mismo, porque lo que te rodea es tema de otros”, que a diferencia de VOS ser-automatizado-fabricado con los restos del sistema, pensamos que la LIBERTAD solo existe cuando cada uno de nosotros, sin mandatos ni manuales, encuentra y despliega SU verdad.



martes, 28 de enero de 2014

latir del mundo

Tierra del sol, del universo vivo, del tiempo cósmico ancestral,
dejame entrar en tus ojos, dejame enroscarme en tus pupilas
Con tu canto intimo y profundo,
fuiste abriendo mis almas, fuiste transformando mi inseguridad
alumbrando mis agujeros,  llenándome el cuerpo de curiosidad
Después de trece lunas consecutivas, rompiste mis cadenas,
desenredaste los laberintos del mar negro oscuro subterráneo estancado
¡Me abriste el corazón!
Tierra de los otros, los sepultados, los marginados, los ignorados,
nutrime con tu sabiduría infinita pasada inmortal,
destapame los deseos, contame la verdad no narrada-repudiada
Arte escondido entre los montes, mitos tapados por pisadas ajenas
despertate, despertame, desenterrame.
Quiero ver tu fondo, lleno de colores y naturaleza rebelde-brutal
Dame algo de tu espontaneidad, que voy a escribir una historia
para quien te quiera encontrar.
Tierra de los mezclados con la piedra, de los defensores del sol
absorbeme con tus raíces y tus manos y tus pétalos secos congelados sin caparazón
Mariposa del centro del mundo, desplegame tus alas
y convertime en amante de tu eternidad
que podría pasar los días y las noches,

venerando tu inmensidad.

/viajar es un camino de ida, solo se trata de partir/

lunes, 6 de enero de 2014

voracidad

Voracidad. De la insaciable, la que se tragaría el mundo entero en un solo movimiento. La que incendiaría el mar con su violencia, la que agujerearía la tierra con su impulsividad. Voracidad que de no satisfacerse, de no corresponderse con lo que la realidad puediera brindarle, se conviertiría en piedra. Piedra pesada, maciza, impenetrable, tan violenta y necia como la voracidad misma.  Voracidad – quietud vuelta roca fría furiosa estancada. Voracidad – piedra acantilado, piedra del fondo del pozo de tu jardín. Y no es que no me gusten las piedras. En realidad, me fascinan las piedras, colecciono piedras. Pero no adentro mío ¡No  quiero piedras adentro mío! Quiero vomitarlas todas, tirártelas por la cara, romper algunos vidrios y que al sol le duela el golpe y que mi cuerpo vuelva a ser el liviano, el ligero, el espontaneo. Yo quiero, deshacerme de esta bola de fuego de mármol de metal que me pesa y me arrastra y me hunde y me ata y me encadena. Te la regalo, te la presto, te la entrego con amor… ¡No, no! te la entrego con odio con ira con desesperación ansiedad y más voracidad. Y no, no quiero escribir poemas sobre esto, pero ya lo estoy haciendo. Y no ¿de que sirve la catarsis? Y no, esta vez no necesito crear arte, necesito escupirte mi deseo. 

sábado, 4 de enero de 2014

la presencia de todos los muertos

En la terraza, con ropa que colgaba de las sogas, con humo que ascendia en dirección a la nada, con el primer viento del año, hablamos de la muerte. Fugazmente, sin detenernos demasiado, sin querer profundizar, hablamos de la muerte.  Y en realidad, sí fué profundo, contundente, intenso. Tanto, que tuve que tragarme el nudo en la garganta, tanto que de repente, encontré una conexión entre tres muertes totalmente distintas. Pero todas tan repentinas, inesperadas (¿quien espera la muerte?), tan dolorosas. La muerte siempre duele, y siempre deja une huella, pensé. Pero una huella sin palabras, innombrable, viva, latente, pero muda. Una pausa en la continuidad del psiquismo, en el fluir del alma. ¿que carajo es la muerte? quiero preguntarle al mundo. Una ausencia, dicen. Pero para mi no es más que presencia en estado puro. Presencia desmedida de lo que desapareció. Presencia de los fantasmas que no llegaron a hablar, de las palabras que nos faltaron decir, de las ideologías de aquello que eligió partir. Siento la presencia de los muertos todos los dias. La siento entrando en mi cuerpo, tocándome el corazón, haciendome crecer. Siento la presencia de todos los muertos provocandome el grito, reviviendo mis pasiones, alimentando la lucha cotidiana, sembrando esperanza, reafirmando las convicioones con sosteniamos con cierta inseguridad. Siento la presencia de todos los muertos llenandome de preguntas, invitandome a vivir, conectándome con las almas de todos los vivos que tienen las mismas inquietudes. 
Durante el silencio, con un vaso en la mano, con ruido de fondo, desparramada en el piso, siento la presencia de todos los muertos.

jueves, 2 de enero de 2014

verano azul

El calor de un verano azul llegó para quedarse. Llegó con su humedad y su firmeza, llegó con su impunidad incuestionable, llegó con su ejercito de catástrofes. Las catastrofes del mundo, las que habitan el universo todos los días, disfrazadas con maquillajes artificiales, inestables y aparentemente impecables. El calor del verano azul, llegó para hacer emerger las produndidades del fuego, para despertar las consciencias de los hombres y mujeres de este engranaje destartalado e inhumano. Llegó, el calor del verano, para pintar de colores oscuros las ventanas claras y angelicales. 
En los rincones más olvidados, más sepultados, más desterrados, laten, sin parar, sin detenerse en ningún momento, las miserias más brutales, los sueños más absurdos, aquellos que tienen como ilusón, algo casi imposible e irrealizable en un mundo como este: vivir dignamente.
Yo te veo, mujer insegura, veo tus miedos a través del sol, veo tus ganas de vivir atadas con alambre electrificado. Yo te veo, arduo artesano de un futuro un poco soportable, con tus manos quemadas y tu alma alienada. Yo te veo, joven sin rumbo, sintiendote solo en esta inmensa sociedad tóxica y desalineada. Yo los veo, ejercito de seres, soportando los infiernos, sin poder gritar. Y pienso, que hay un punto (cruce de miles de directrices) donde la voz se supera a sí misma y sale por todos los agujeros del cuerpo, porque la única alternativa a la libertad es la muerte. Yo los veo, ejercito de guerreros, tallando sin darse cuenta una pintura repetida y rota, siendo diseñadores de un futuro que no promete nada prometedor. Y veo, en sus ojos cansados y acostumbrados, un despertar transformador. Y pienso, que los veranos azules deberían seguir indefinidamente, hasta que no haya más que explosióon convertida en primavera, hasta que la humanidad entera se anime a latir.