sábado, 4 de enero de 2014

la presencia de todos los muertos

En la terraza, con ropa que colgaba de las sogas, con humo que ascendia en dirección a la nada, con el primer viento del año, hablamos de la muerte. Fugazmente, sin detenernos demasiado, sin querer profundizar, hablamos de la muerte.  Y en realidad, sí fué profundo, contundente, intenso. Tanto, que tuve que tragarme el nudo en la garganta, tanto que de repente, encontré una conexión entre tres muertes totalmente distintas. Pero todas tan repentinas, inesperadas (¿quien espera la muerte?), tan dolorosas. La muerte siempre duele, y siempre deja une huella, pensé. Pero una huella sin palabras, innombrable, viva, latente, pero muda. Una pausa en la continuidad del psiquismo, en el fluir del alma. ¿que carajo es la muerte? quiero preguntarle al mundo. Una ausencia, dicen. Pero para mi no es más que presencia en estado puro. Presencia desmedida de lo que desapareció. Presencia de los fantasmas que no llegaron a hablar, de las palabras que nos faltaron decir, de las ideologías de aquello que eligió partir. Siento la presencia de los muertos todos los dias. La siento entrando en mi cuerpo, tocándome el corazón, haciendome crecer. Siento la presencia de todos los muertos provocandome el grito, reviviendo mis pasiones, alimentando la lucha cotidiana, sembrando esperanza, reafirmando las convicioones con sosteniamos con cierta inseguridad. Siento la presencia de todos los muertos llenandome de preguntas, invitandome a vivir, conectándome con las almas de todos los vivos que tienen las mismas inquietudes. 
Durante el silencio, con un vaso en la mano, con ruido de fondo, desparramada en el piso, siento la presencia de todos los muertos.

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