jueves, 2 de enero de 2014

verano azul

El calor de un verano azul llegó para quedarse. Llegó con su humedad y su firmeza, llegó con su impunidad incuestionable, llegó con su ejercito de catástrofes. Las catastrofes del mundo, las que habitan el universo todos los días, disfrazadas con maquillajes artificiales, inestables y aparentemente impecables. El calor del verano azul, llegó para hacer emerger las produndidades del fuego, para despertar las consciencias de los hombres y mujeres de este engranaje destartalado e inhumano. Llegó, el calor del verano, para pintar de colores oscuros las ventanas claras y angelicales. 
En los rincones más olvidados, más sepultados, más desterrados, laten, sin parar, sin detenerse en ningún momento, las miserias más brutales, los sueños más absurdos, aquellos que tienen como ilusón, algo casi imposible e irrealizable en un mundo como este: vivir dignamente.
Yo te veo, mujer insegura, veo tus miedos a través del sol, veo tus ganas de vivir atadas con alambre electrificado. Yo te veo, arduo artesano de un futuro un poco soportable, con tus manos quemadas y tu alma alienada. Yo te veo, joven sin rumbo, sintiendote solo en esta inmensa sociedad tóxica y desalineada. Yo los veo, ejercito de seres, soportando los infiernos, sin poder gritar. Y pienso, que hay un punto (cruce de miles de directrices) donde la voz se supera a sí misma y sale por todos los agujeros del cuerpo, porque la única alternativa a la libertad es la muerte. Yo los veo, ejercito de guerreros, tallando sin darse cuenta una pintura repetida y rota, siendo diseñadores de un futuro que no promete nada prometedor. Y veo, en sus ojos cansados y acostumbrados, un despertar transformador. Y pienso, que los veranos azules deberían seguir indefinidamente, hasta que no haya más que explosióon convertida en primavera, hasta que la humanidad entera se anime a latir. 

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