martes, 28 de enero de 2014

latir del mundo

Tierra del sol, del universo vivo, del tiempo cósmico ancestral,
dejame entrar en tus ojos, dejame enroscarme en tus pupilas
Con tu canto intimo y profundo,
fuiste abriendo mis almas, fuiste transformando mi inseguridad
alumbrando mis agujeros,  llenándome el cuerpo de curiosidad
Después de trece lunas consecutivas, rompiste mis cadenas,
desenredaste los laberintos del mar negro oscuro subterráneo estancado
¡Me abriste el corazón!
Tierra de los otros, los sepultados, los marginados, los ignorados,
nutrime con tu sabiduría infinita pasada inmortal,
destapame los deseos, contame la verdad no narrada-repudiada
Arte escondido entre los montes, mitos tapados por pisadas ajenas
despertate, despertame, desenterrame.
Quiero ver tu fondo, lleno de colores y naturaleza rebelde-brutal
Dame algo de tu espontaneidad, que voy a escribir una historia
para quien te quiera encontrar.
Tierra de los mezclados con la piedra, de los defensores del sol
absorbeme con tus raíces y tus manos y tus pétalos secos congelados sin caparazón
Mariposa del centro del mundo, desplegame tus alas
y convertime en amante de tu eternidad
que podría pasar los días y las noches,

venerando tu inmensidad.

/viajar es un camino de ida, solo se trata de partir/

lunes, 6 de enero de 2014

voracidad

Voracidad. De la insaciable, la que se tragaría el mundo entero en un solo movimiento. La que incendiaría el mar con su violencia, la que agujerearía la tierra con su impulsividad. Voracidad que de no satisfacerse, de no corresponderse con lo que la realidad puediera brindarle, se conviertiría en piedra. Piedra pesada, maciza, impenetrable, tan violenta y necia como la voracidad misma.  Voracidad – quietud vuelta roca fría furiosa estancada. Voracidad – piedra acantilado, piedra del fondo del pozo de tu jardín. Y no es que no me gusten las piedras. En realidad, me fascinan las piedras, colecciono piedras. Pero no adentro mío ¡No  quiero piedras adentro mío! Quiero vomitarlas todas, tirártelas por la cara, romper algunos vidrios y que al sol le duela el golpe y que mi cuerpo vuelva a ser el liviano, el ligero, el espontaneo. Yo quiero, deshacerme de esta bola de fuego de mármol de metal que me pesa y me arrastra y me hunde y me ata y me encadena. Te la regalo, te la presto, te la entrego con amor… ¡No, no! te la entrego con odio con ira con desesperación ansiedad y más voracidad. Y no, no quiero escribir poemas sobre esto, pero ya lo estoy haciendo. Y no ¿de que sirve la catarsis? Y no, esta vez no necesito crear arte, necesito escupirte mi deseo. 

sábado, 4 de enero de 2014

la presencia de todos los muertos

En la terraza, con ropa que colgaba de las sogas, con humo que ascendia en dirección a la nada, con el primer viento del año, hablamos de la muerte. Fugazmente, sin detenernos demasiado, sin querer profundizar, hablamos de la muerte.  Y en realidad, sí fué profundo, contundente, intenso. Tanto, que tuve que tragarme el nudo en la garganta, tanto que de repente, encontré una conexión entre tres muertes totalmente distintas. Pero todas tan repentinas, inesperadas (¿quien espera la muerte?), tan dolorosas. La muerte siempre duele, y siempre deja une huella, pensé. Pero una huella sin palabras, innombrable, viva, latente, pero muda. Una pausa en la continuidad del psiquismo, en el fluir del alma. ¿que carajo es la muerte? quiero preguntarle al mundo. Una ausencia, dicen. Pero para mi no es más que presencia en estado puro. Presencia desmedida de lo que desapareció. Presencia de los fantasmas que no llegaron a hablar, de las palabras que nos faltaron decir, de las ideologías de aquello que eligió partir. Siento la presencia de los muertos todos los dias. La siento entrando en mi cuerpo, tocándome el corazón, haciendome crecer. Siento la presencia de todos los muertos provocandome el grito, reviviendo mis pasiones, alimentando la lucha cotidiana, sembrando esperanza, reafirmando las convicioones con sosteniamos con cierta inseguridad. Siento la presencia de todos los muertos llenandome de preguntas, invitandome a vivir, conectándome con las almas de todos los vivos que tienen las mismas inquietudes. 
Durante el silencio, con un vaso en la mano, con ruido de fondo, desparramada en el piso, siento la presencia de todos los muertos.

jueves, 2 de enero de 2014

verano azul

El calor de un verano azul llegó para quedarse. Llegó con su humedad y su firmeza, llegó con su impunidad incuestionable, llegó con su ejercito de catástrofes. Las catastrofes del mundo, las que habitan el universo todos los días, disfrazadas con maquillajes artificiales, inestables y aparentemente impecables. El calor del verano azul, llegó para hacer emerger las produndidades del fuego, para despertar las consciencias de los hombres y mujeres de este engranaje destartalado e inhumano. Llegó, el calor del verano, para pintar de colores oscuros las ventanas claras y angelicales. 
En los rincones más olvidados, más sepultados, más desterrados, laten, sin parar, sin detenerse en ningún momento, las miserias más brutales, los sueños más absurdos, aquellos que tienen como ilusón, algo casi imposible e irrealizable en un mundo como este: vivir dignamente.
Yo te veo, mujer insegura, veo tus miedos a través del sol, veo tus ganas de vivir atadas con alambre electrificado. Yo te veo, arduo artesano de un futuro un poco soportable, con tus manos quemadas y tu alma alienada. Yo te veo, joven sin rumbo, sintiendote solo en esta inmensa sociedad tóxica y desalineada. Yo los veo, ejercito de seres, soportando los infiernos, sin poder gritar. Y pienso, que hay un punto (cruce de miles de directrices) donde la voz se supera a sí misma y sale por todos los agujeros del cuerpo, porque la única alternativa a la libertad es la muerte. Yo los veo, ejercito de guerreros, tallando sin darse cuenta una pintura repetida y rota, siendo diseñadores de un futuro que no promete nada prometedor. Y veo, en sus ojos cansados y acostumbrados, un despertar transformador. Y pienso, que los veranos azules deberían seguir indefinidamente, hasta que no haya más que explosióon convertida en primavera, hasta que la humanidad entera se anime a latir.