Quería escribirte un poema. En realidad, quería regalarte un poema, regalarte un pedacito de mí. Entre las sombras del sol, entre las raíces de esos árboles, entre los suspiros de esta tierra, te dedico una poesía. Sutil, genuina, viva. Es de noche, por momentos de día, cantan todos los pajaros del cielo, juntos a la par, componen un coro dulce, sentido, permanente. Yo escucho, escucho el ruido del mundo con calma, paciente, intentando apropiarme de cada señal, de cada mensaje que late y se desespera por ser escuchado, por ser recibido. Y escucho tus propios mensajes, tus propios sonidos, los de tu cuerpo, que hablan en tantos idiomas que no llego a comprenderlos. Me hablan, sin parar, sobre los viejos amores, sobre los nuevos, sobre los que fueron, sobre los que vendrán. Vos con tu existencia desplegada, me invadis el alma, con tus cantos, con tus profundidades azules, inquietas, oscuras. Me encanta tu oscuridad. Me gusta, sobre todo, cuando tu oscuridad, se toca con la mía. Y entonces hablan, y lloran y se rien a carcajadas, se cuentan los miedos, se abren completamente y dialogan desde todos los lugares,. desde todos los dolores. Cuando tus heridas, conocen las mías, cuando mis preguntas se encuentran con las tuyas, yo vivo. Vivo en ese tiempo lento, contundente, simbiótico, en el que no hay distancia emocional, no hay frontera, entre tu infierno y el mío. Pero amo, también, tus danzas alegres, tu brío fugaz. Ese que veo, cuando entre una risa y la otra, me mirás, con tus ganas de abrazar el universo, con tus ganas de encender las luces que están abajo de estas flores. Amo, cuando tus luciérnagas, conversan con las mías; cuando las orquideas de mis jardines, se pegan a tus jázmines de primavera, y crean con su magia y su fuerza, más naturaleza, más de esa naturaleza presente, que te da unas ganas inmensas de vivir. ¡Como me gusta vivir en tu jardin! Cuando todo se pone frío y hostil, siempre, están tus sueños para devorar los míos, están tmis manos para agarrar las tuyas, y está tu luz, que busca la mía y le presta el corazón. Tu voz me parte el cuerpo. Tu voz decora mis propios fantasmas, les habla, con tranquilidad y les cuenta, que a veces, los seres humanos, venimos fallados. Bastante fallados. Me absorbés cada vacío, cada rincón, lo tomás, lo contemplás, y me lo devolvés todo transformado, todo nuevo, todo actual. Y yo amo esa actualidad. Amo nuestra actualidad continua. Cambiante, fluida. Somos, a veces, como el río, que nunca es igual. Somos, a veces, una mariposa, con el valor de tomar lo horrible, lo espantoso, lo innombrable, y convertirlo en libertad, en vuelos, en mundos enteros recorridos. Somos, como una mariposa, pienso yo, que nace de una oruga diminuta, insegura, pegada a la tierra, y puede, finalmente, desplegar su inmensidad y atravesar el aire, con firmeza y velocidad. A mi me gusta ser mariposa, con vos. Porque amo, nuestra metamorfosis profunda y alquimica. Después de todo ¿No era eso el amor? Metamorfosis, con vos, siempre.
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