lunes, 9 de diciembre de 2013

Me intoxiqué. Hoy me desperté enteramente intoxicada, desde la cabeza, hasta los pies. Demasiado estimulo para mi sistema sensorial, demasiado input, demasiada información disparada contra mi cuerpo.  ¿Pero de que me intoxiqué, exactamente? Yo creo que me intoxiqué del dolor humano, de la fragilidad de la vida, de tanta poesía acumulada, de música de todos los orígenes y tonalidades. Me intoxiqué del narcisismo universal, que se mete en todos los cuerpo, cegandoló, volviéndolo omnipotente, egoísta y hostil. Me intoxiqué de tu indiferencia, que duele ¿sabes?  Duele porque no la entiendo. Me intoxiqué de ver sangrar las almas de tantas personas, de verlas desgarrarse, alienarse, aplastarse. Me intoxiqué del amor que nunca está para quedarse un rato, que siempre, en todos sus colores, solo te deja caminar junto al sol por un rato, porque al segundo, te vuelve a dejar sin luz, con una inmensidad que se te rie en la cara, y una soledad que te vacía el pecho de un solo golpe. Me intoxiqué de esta ida y vuelta que nunca termina, de este llanto desconsolado convertido en abismo y distancia congelada. Me intoxique de tantas teorías y teórias y teorías hechas de palabras y cabezas que no sienten, que no se animan a sentir. Me intoxique de tantos deseos que parecen estar por cumplirse, y de repente te dejan a la espera, eternamente a la espera. Me intoxiqué de los disfraces. Porque hay disfraces por todos lados y yo ya no me los creo más. ¡Saquemosnos las máscaras por favor! Que la felicidad está bien atrás de ellas, en el fondo.
Me intoxique de la pelotudez y la superficialidad como forma de vida. De la pared que no tiene  ningún fondo, de la sociedad venerando y siendo cómplice de la estupidez. Me intoxique del sentido común incuestionable naturalizado repugnante, que deja a tantos morirse todos los días. Me intoxiqué de tanta forma sin contenido, tanta tonalidad sin emoción, tanto discurso sin corazón. Tanta arte sin búsqueda, sin preguntas, sin pasión.
Me intoxique de  la incertidumbre, de la competencia maquillada con algo que no sé que es.  Me intoxiqué de tantos espacios presenciados y ningún lugar real. Me intoxique, tambien, de lugares tan hermosos y genuinos, tan cálidos y verdaderos, que te vuelven casi dependiente. Me intoxique de ilusiones que siempre se deshacen en mis manos. Me intoxiqué de tantos cambios y procesos y supuestos crecimientos y tambien de tantos limites y laberintos y callejones sin salida que se repiten todos los días. Me intoxique de tanto sol. Me ahogue con tanta lluvia.

Me intoxiqué de la vida, que últimamente es lo más inestable e inseguro que puede haber en el mundo. 

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