Ellos despegan y vuelan por encima
de nuestras cabezas, nos usan, nos
aplastan y siguen caminando. Bajan, suben, se disfrazan de cigüeñas y después
vuelven a ser dinosaurios. Nos exprimen los sueños, nos roban historias, nos
tiñen la sangre. Nos pintan miedos que nos estrangulan. Dibujan paisajes vacíos
para aniquilarnos. Se esconden y escriben obras ya ensayadas. Decoran los
escenarios más sombríos. Actúan de
ángeles cuando son solamente fantasmas. A veces, te tocan el alma con sus
manos, la retuercen, la acomodan, la moldean. Ellos, manejan los mares, los
vientos, el fuego voraz. Crean huracanes
y después lloran con lágrimas artificiales y discursos conmovedores.
Dibujan ilusiones que se deshacen con tocarlas, que se incendian con tan solo
mirarlas por un rato. Nosotros corremos para no ser enterrados; nos mezclamos
con la tierra y con el sol. Que quema, el sol quema mientras nuestras manos se
llenan de marcas y cicatrices. Movemos palancas que encienden máquinas que no
paran de comernos y matarnos. Sostenemos
castillos que están a punto de romperse todo el tiempo. Soportamos lo
insoportable, transitamos los abismos, nos perdemos en batallas sin victorias.
Movemos el mundo sin darnos cuenta, giramos planetas sin que nadie nos haya
enseñado. Somos artistas sin obras de arte, flores sin pétalos ni color. Vivimos en una continua guerra sin armas, sin
ideas ni pensamientos. Somos hombres vueltos piedras, somos ríos estancados.
Nos acostumbramos a la locura, dormimos entre paredes que se vuelven a caer
cada día. No sentimos las cadenas porque nos da miedo caminar. Estamos quietos. Temblando. Y no hay nada. No hay hueco por
donde entre la luz, no hay carnavales que revivan pasiones. Perseguimos inútilmente canciones que se
masacran a si mismas. A veces, abrimos un poco los ojos y lloramos. Nos duele
la vida, nos aplastan las horas. Intentamos ver algo de luz entre tantas
sombras muertas. Pero no hay donde mirar. El infierno está en todas partes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario