domingo, 20 de octubre de 2013

Árbol de la vida, naturaleza inmortal de los tiempos primeros. Hermano de los pajaros que cantan, de los ríos que alguna vez nacieron. En tus hojas verdes de sol veo los mitos del viento. Vientos de un ayer cansado, ya viejo, que susurra en las noches, rasguniando  el silencio. Y grita, se despliega a si mismo, transforma los bordes de este sublime universo. Yo te escucho, escucho tus voces mudas murmurando secretos, tus cantos sagrados llenos de deseo. Y me voy, un rato, hasta ese jardín de los muertos en donde sonaron campanas, donde nos desprendimos del suelo. Y bailamos intuitivamente, en las calles del mar, deshaciéndonos. Yo te escucho, arbol de la vida, árbol ancestral y auténtico,  escucho tus llanto, tus desgarradores lamentos, tus inmensos recuerdos. Árbol despojado del  cielo, desterrado,  mirame a los ojos, dejame ver tus infiernos. Te ví nacer tantos días entre tangos amargos, veo los soles del tiempo alumbrar tus legados. Árbol profundo, tan quieto y disperso, escupí tu verdad, así duele menos.

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