domingo, 8 de abril de 2012
Hay un momento en el que se termina lo real y ya no estoy acá, no estoy en mí, ni en un lugar, no existo materialmente. Me hundo en un delirio tan hermoso como voraz, tan persuasivo como coercitivo y tan inevitable como fascinante. Me desaparecí a mi misma sin saber como lo hice, fué como desintegrar mi integridad, disolverme. Me descompuse en energía, me convertí en fuerza y movimiento. Una metamorfosis hacia la nada, hacia la convergencia con lo demás que no es yo misma. Me consumí en el intento por no estar, y ya no sé si existo o existía. Es como estar en muchos lugares al mismo tiempo, persisto en el aire intentando no morir desarmada. Y me mezclé con vos, que eras otra corriente e en el mismo aire y seguramente habías sido humano alguna vez. Me deshumanicé y me distribuí en la superficie, volví a ser lo que creí que era cuando sentí el primer contacto con el mundo. A veces somos lo mismo, no hay limite, y vos tampoco entendés de esos limites y por eso te fusionas conmigo. Te tragaste mi nombre, y yo me apropie de tu envoltura. No tenemos dirección, ni esquema. Estamos inundados, desbordados, invadidos y desmayados en el después del antes y el allá del acá. El silencio es un sinónimo de mi, el ruido también. No entiendo de clasificaciones, soy lo infinito; lo amorfo; lo fugaz-
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es un re monologo teatral. por cierto, me re gusto.
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