viernes, 8 de noviembre de 2013

A veces, el mundo se vuelve un lugar hostil, frío.
Te mira, te observa, atento, y construye un vacío inmenso para alojarte.
Uno en el que no hay nada más que tensión y felicidad sobreactuada.
Yo no quiero felicidades fingidas, yo no quiero
vacíos decorados de triunfos y resplandores.
Pero todos, en algún día de sol,
deseamos humildemente (y no tanto)
ser deslumbrantes.
Deslumbrar, que proviene de luz
iluminar, encandilar, cegar
¿de donde podría salir tanta 
fuerza y belleza,
si no es
del corazón?
Yo quiero vivir con el corazón
y que pase lo que tenga que pasar.

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