viernes, 29 de noviembre de 2013

En el medio del silencio, del silencio frío, del silencio-piedra, se escucha un grito de dolor. Tan filoso, tan desgarrado, que parte la tierra. La parte con sus lágrimas llenas de lamentos y golpes, la parte con sus manos congeladas por el frio de la noche, la parte con su cuerpo devastado. Quiebra la inmensidad, quiebra la oscuridad. Y moja el sol con lágrimas pesadas, ya secas, ya vencidas, ya usadas por otros en otro tiempo. Tiempos como los de ahora, tiempos como los que vendrán mañana, cuando el universo vuelva a repetir su historia, su compulsivo y necio devenir, cuando la voracidad retorne, otra vez, hasta arrancar todas las raices, y con ellas, todos los sueños de los hombres. Cuando ya no queden lunas que quiera asomarse a iluminarnos, cuando no haya río que quiera seguir fluyendo, cuando no haya pajaro que soporte seguir cantando, cuando no haya flor que tenga algo de fuerza para salir a la vida. Entonces, quizás en ese tiempo, haya una pausa. Cuando el arte ya no sea suficiente para endulzar la barbarie disfrazada, cuando no haya voz, que pueda vengar a los muertos, cuando la noche sea definitiva e inmortal, quizás, entonces, haya un espejo. Uno destrozado, desterrado, desplomado, que todavía tenga un poquito de luz para reflejarnos. 
Cuando el mar ya no pueda seguir moviendosé, cuando el cuerpo no soporte más los golpes y caiga en el vacío, en el vacío que dejamos, entonces, vamos a parar- Porque lo único, que supimos construir, fué el vacío. Y el terror. Terror ante la insoportable posibilidad de que la historia, se repita. otra vez. Y muchas veces más. Hasta que nos traguemos cada particula de vida, hasta que nos traguemos al indestructible, incontrolable y venerable tiempo. Ese día, el día en el que el vacío alcance al tiempo y lo devore, entonces, vamos a haber ganado. Ese día, todos, todos nosotros, vamos a estar compartiendo, finalmente, mismo escenario: la muerte.

viernes, 8 de noviembre de 2013

A veces, el mundo se vuelve un lugar hostil, frío.
Te mira, te observa, atento, y construye un vacío inmenso para alojarte.
Uno en el que no hay nada más que tensión y felicidad sobreactuada.
Yo no quiero felicidades fingidas, yo no quiero
vacíos decorados de triunfos y resplandores.
Pero todos, en algún día de sol,
deseamos humildemente (y no tanto)
ser deslumbrantes.
Deslumbrar, que proviene de luz
iluminar, encandilar, cegar
¿de donde podría salir tanta 
fuerza y belleza,
si no es
del corazón?
Yo quiero vivir con el corazón
y que pase lo que tenga que pasar.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Catarsis. Purificación del alma, del cuerpo. Palabra que libera la intensidad y la convierte en creación. Relato de la historia propia, del mito de cada si-mismo, cuento lleno de hechizos y fantasmas que atraviesa los muros de la existencia individual. Palabra transformadora, que sana, que impacta, que choca con ese otros que escucha y vuelve al lugar de donde partió siendo una otra, una nueva. Lo viejo, se aleja, se limpia, se ¿actualiza? en un sin fin de letras y sensaciones y miradas y palpitaciones que dan lugar a lo que quiere aparecer, a lo que comienza a asomar con su luz, con sus aires de renovacion. Libertad, para ser, enteramente, plenitud llena de códigos compartidos e inconscientes y racionales e instintivos, todo junto, siendo, estando ahi. Presente, sostenido inquebrantable, aqui y ahora en cada instante, prologando, hasta el final. Hasta la catarsis última. La que atraviesa el aire, la que cruza la piel, la que deja una huella. La huella de ese acontecer tan profundamente humano y alquimico. La marca de un estar siendo todos al mismo tiempo, de estar latiendo al ritmo del mismo golpe. La catarsis-emoción. La que surge del decir genuino y auténtico, la que toca los decires de todas las humanidades. Por ser la misma. Catarsis sombra-luz. Juventud radiante, vejez sabia y paciente. Catarsis hombre-mujer, ambos firmes, ambos sensibles. Ambos intensos profundos amorosos guerreros. Catarsis de la guerra interna, del sol personal. El que todos tenemos, en algún rincon, esperando salir. Catarsis, la del brillo que no se extingue, la del hambre voraz que no se colma. Catarsis frenética apasionada arrasadora. Catarsis del corazón fiel, de la lealtad más incondicional. Catarsis del propio existir fluido fugaz latente vivo. Catarsis del agujero del fuego del manantial. Catarsis del despertar universal.