Veo, detrás de tus ojos inconmobibles, un cuento que nunca terminó de escribirse. Con episodios inconclusos y construido sobre premisas falsas. Veo, detrás de ese caminar firme, un dolor que no tuvo canción, un grito que no pudo desembarcar en el mar. Escucho en tus palabras, las más tremendas historias de amor y abandono, de pulsos interrumpidos, fragmentados y desconcertantes. Contemplo, desde este eapacio vacío, tu andar tembloroso, tus heridas disfrazadas de coraje. Y es que allá a lo lejos, donde ya no llega el tiempo, no hubo hechizo que pudiera sostener la magia y encantar los bosques. Entre tantos toboganes nos perdimos, vos primero, yo después, sin encontrar puntos de apoyo. Bajo un manto de insultos y estrellas que latían, nos hundimos en la tierra, de la que nunca pudimos salir.- No hubo flores ni soles que nos alumbraran, no hubo ilusiones de un desenlace alentador. Escrito con sangre, puedo leer las memorias de un miedo que nació después.- Y es que, al final, el temor es solo temor a lo que ya ocurrió, en algun tiempo que no entra en los relojes. Lo escucho latir, reviviendose a si mismo todos los días, llenando el mundo de callejones sin salida. Veo tu infancia, cuento de terror decorado con mandarinas, y pienso que no aprendimos a querernos porque nunca supimos como construir un sueño real, porque nunca supimos vivirnos con amor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario