Vos con tu
mundo de opuestos, de clasificaciones y extremos irreconciliables. Con tus
blancos y tus negros, con tus contradicciones irresolubles y tu universo de
lógicas incuestionables. Vos, que racionalizas cada milimetro del mundo, que
analizas cada detalle, buscando imperfecciones. Vos, con tus verdades
indiscutibles, con tus saberes impenetrables. Vos, con esa forma de ir por la
vida, me enloquecés. Me enfurecés, me desbordás. Vos, con tus etiquetas y tus nominaciones,
vas destruyendo libertades. Vas anulando cada impulso espoantaneo, cada
intuición genuina. Vos, con tus reglas y
tus leyes, reducis el universo a un círculo
sin salida. Y tanto que me rebelé contra la estúpida idea de normalidad, y
tanto que vos también te rebelaste, y terminamos reproduciendo esas ideologías contra las cuales peleábamos. Vos, con tu
obsesión por partir el mundo siempre en dos y tu incapacidad para tolerar lo desconcertante,
lo heterogéneo. Vos, con tu habilidad nata para hacer de dos pasiones las
tendencias más incompatibles de universo, me desgarraste. Y ahora estamos en
una relación incomprensible. Vos, gritándome bien fuerte que ese es el único camino
posible. Yo, gritándome a mi misma que no, que hay otras maneras, pero sin
creermelo del todo. Vos, habitando mi cabeza, condenando mis sensaciones. Yo,
luchando contra eso, intentando descubrir que es lo verdadero. Vos, bloqueándome
todos los rumbos, yo, creyendoté y rebelandome al mismo tiempo.
Tanto
hablar de la libertad, y terminamos encerrados entre cuatro paredes, creyendo
que esa era la única ruta posible para llegar hacia ella. Tengo muchas ganas de
gritarte que odio tus palabras. Y tengo también, muchas ganas de gritarme a mi
misma que es inaceptable cuestionarlas.
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