viernes, 17 de agosto de 2012

dijiste:
"como si todos no tuviéramos a nuestro fantasma caminándonos al lado"
y me sentí libre,  o en una cárcel de a muchos.
como un inconsciente compartido, común, 
en el que se suceden guerras, pasiones, pérdidas y angustias
y todos intentan sobrevivir, callar las voces oscuras,
seguir para adelante, liberar el alma
y actuar.
como convertir piedras
en obras de arte
-ese sería el desafío-
lo malo es que no hay forma de escaparse
(lo bueno es que somos muchos caminando)

martes, 7 de agosto de 2012


Pensé en carrusel, y después pensé en un campo. Un campo vacío y verde, de otoño.  De sol. El sol en otoño es alucinante, porque su color combina con las hojas secas, caídas, naranjas. Esta fresco pero no lo suficiente como para que uno decida no salir a caminar. Hay niebla, y todo está entre blanco y verde y naranja y celeste. No se sabe bien que temperatura hace, pero está cálido y ventoso al mismo tiempo. Y está el carrusel, en el medio de todo eso, que gira. Nunca para, por nada del mundo. Suenan canciones viejas, vencidas, mientras las figuras siguen andando. Un poco oxidados, maltratados por los años, heridos. Llevan vendas que los curan y los protegen de las bajas temperaturas, del calor y de la gente. La gente se pasea por los pastizales, juntando florcitas y regando emociones, pero nunca se atreven a tocar, ni siquiera a mirar, el carrusel. Cuando algún valiente se anima y lo observa, lo ve moverse sobre su propio eje, generalmente se pone a tararear una canción. Siempre es la misma canción, la que dice algo así como “en ese lugar, en ese tiempo, se movían los molinos… en ese lugar, en ese tiempo, soplaban las mariposas…”
Y entonces para. Las sirenas, los caballitos, los ángeles, las princesas y los duendes dejan de dar vueltas. Se encienden sus cuerpos, se apaga la naturaleza, y todo se vuelve confuso. La canción suena cada vez más fuerte, aturde a los seres humanos, los normales, los que tienen pies y manos.  Las hormigas se vuelven locas, se revuelcan en la tierra, festejan, lloran, mueren y finalmente se restituyen. Las luciérnagas se van prendiendo a los hierros del carrusel, lo decoran, completan las leyendas. Se seca el río, se curan las estrellas.
Cuando el carrusel se detiene, el campo desaparece, porque todo es, fue y será, carrusel, luz,  sonido y magia. Oscura, maravillosa, pero eso sí, inhumana.  Y todas las respiraciones andan en bicicletas por el aire, se cruzan y se aman, se convierten en lo que no eran, y después vuelven a ser eso, bicicletas. Que escandaloso todo eso. Parece un escenario prendido fuego, extinguiéndose o aprendiendo a caminar. Las criaturas van al bosque, se nutren de vida, juntan fuerzas y después vuelven al carrusel, ya listas para empezar a moverse, para reproducirse entre sí, para avanzar. Y ahí muere todo, y la vida vuelve a ser inórganica, común. El campo toma su color de siempre, anaranjado, la puesta de sol termina de existir, y ya no hay nada más que eso; un campo con un carrusel viejo. La cajita musical se cierra, se duermen las almas, se apaga la luz y se escucha a lo lejos "en ese lugar, en ese tiempo, hubo una guerra... en ese lugar, en ese tiempo, el universo dejó de latir"

lunes, 6 de agosto de 2012

Caminaba con un vestido floreado y era tan primaveral que se confundía con la primavera misma.  Había azucenas violetas, pétalos rojos entrecruzados, alelíes amarillos saltando para no quedarse abajo (donde están las raíces, donde termina la luz). Caminaba con sandalias de cristal, tan frágiles que se destrozaban a cada paso, dejando pedacitos de sol por todo el jardín. Yo avanzaba mientras los juntaba con las manos, caminaba de forma extraña, transformándome a medida que rozaba los aires. Me quemaba y me disolvía.  Después daba un paso más y me congelaba, se me destruían las almas, se me alborotaban los sueños. Las princesas caminan tan despacio que a veces, ya no caminan. Vuelan, con la mente y las ideas y roban rosas,  sauces, estrellas. 
La luna seguía ahí inmóvil, con sus rayos dorados, era de noche y de día, no era nada, no había cielo ni planetas girando ni tierras ni mares. Era el desierto, el vacío, el horror. Avanzaba en la oscuridad, decorándola con presencias fugaces, coloreando los ríos pálidos, disfrazando las maravillas que todavía no habían nacido. Me daba miedo dar un paso más, pero lo daba y ya se me caían las flores contenidas en las ropas, se me caían las lágrimas de cianuro, se me derretía la piel. Me mire a ese espejo (tus ojos) toda paralizada, temblando, sin querer ver ningún reflejo. Pero ahí estabas y ya sabía. Ya sabía que eras vos, y no yo, lo que se veía. Se veían tus labios maltratados, las heridas a mitad de camino, el ideal, las raíces del mundo, tus destellos, vos. Con luces y sombras, con muertes y pulsaciones entremezclándose, pausas y ritmos descontinuados, implosiones, estalles, y cristales por todos lados, condensado historias de guerras y veranos sin luz.
Pero lo tenebroso era el estado, el ininterrumpido estado de no estar y estar, las dos cosas, sin que eso sea una contradicción.  Me quería tanto que daban ganas de matarse, de tirarse en paracaídas y viajar en el túnel de las pesadillas. Y todavía quedaban flores, todavía estábamos en primavera, cuando decidí volver a nacer. Y fué tan espontaneo, que termine volando sin alas, como en los cuentos que me contaba mi abuela, cuando todavía creía en la libertad.

domingo, 5 de agosto de 2012

vientos rebeldes,
primaveras despertándose,
un grito en el cielo,
un aguila sobrevolando las nubes
y la misma melodía
que todos hacemos existir
un sueño, una ilusión
la convicción, la esperanza
de cambiar algo
en este mundo que es pura
catástrofe, pura barbarie
y si al final del camino
se suman caídas
voy a saber, que al menos 
hubo batallas y rebeliones
y que no hay
rutina más placentera
que la que está plagada de luchas
(y de canciones)


sábado, 4 de agosto de 2012

si me duele la garganta,
y también me arden los oídos
si se me secan los ojos,
y siento tensión por todos lados
¿quiere decir que las cosas no están bien?
o tan bien como debería
hay días bellos,
días oscuros
días transformadores
y días huecos
pero los peores son
esos días en que no hay nada
más que cadenas,
y cafés que se repiten
y canciones que nunca terminan
y reflexiones completamente al pedo
que solo llevan a comprender
lo terrible que es estar vivo.
(no entiendo bien que quiero, pero
hay un deseo que es inalterable;
estar bien, bien)
(y otro día más que pasa con energías
tiradas al tacho, devueltas al mar)